La exclusiva de El Español reabre el debate sobre los privilegios políticos y una conducta que muchos califican de inmoral e injustificable
La última exclusiva publicada por El Español sitúa de nuevo en el foco al exministro José Luis Ábalos, al desvelar presuntos encuentros con prostitutas durante la pandemia, en un contexto en el que millones de españoles estaban sometidos a severas restricciones de movilidad, incluyendo toques de queda que limitaban incluso la vida familiar y personal.
Según la información del citado medio, estos encuentros se habrían producido en plena vigencia de las medidas más duras contra la COVID-19, cuando el Gobierno exigía a la ciudadanía sacrificios sin precedentes.
Mientras bares cerraban, familias permanecían separadas y ciudadanos eran sancionados por salir a la calle fuera de horario, algunos responsables políticos como Ábalos y otros socialistas —siempre según la investigación periodística— habrían actuado al margen de las normas que ellos mismos imponían. En este caso además pagando por sexo, una postura muy ‘feminista porque soy socialista’.
Interrogantes en una fiesta con prostitutas en pleno confinamiento
Este episodio de Ábalos no solo plantea interrogantes legales, sino también éticos. La percepción de que quienes dictaban las restricciones podían saltárselas sin consecuencias alimenta una sensación de agravio comparativo difícil de ignorar. Para muchos ciudadanos, no se trataba solo de cumplir normas, sino de un ejercicio de responsabilidad colectiva en uno de los momentos más críticos de la historia reciente.
Además, la información apunta a la participación de figuras del entorno político y empresarial, lo que amplifica la polémica y sugiere la posible existencia de redes de influencia que operaban con una libertad ajena al control que se imponía al resto de la sociedad.
Por qué Ábalos y otros políticos no tenían miedo al coronavirus
En este contexto, surge una pregunta inevitable: ¿por qué algunos no parecían temer al contagio en situaciones que implicaban contacto directo, mientras el mensaje oficial insistía en el riesgo extremo incluso en encuentros familiares limitados? ¿Quizás sabían algo que el resto de la sociedad desconocía sobre el famoso coronavirus?
Esta aparente contradicción alimenta la sospecha de que, o bien el riesgo no era percibido de la misma manera en determinados círculos de poder, o bien se asumía con una ligereza difícil de justificar.
Además, El Español deja jugosos detalles de esta particular fiesta. El entonces ministro Ábalos montó una cita con seis prostitutas en pleno confinamiento. Allí estuvo su inseparable Koldo, el comandante Villalba y el amigo chino de Zapatero.
Koldo estaba agotado
La fiesta comenzó con una cena en el Kabuki Wellington a las 20:30 y cada uno se fue con una chica muy pasadas las 23:00 tras pagar Koldo 1.200 euros a la ‘madame’. Koldo volvió a su casa a las 03:34 después de que su mujer le enviara reiterados mensajes de preocupación desde las 00:40. «Estoy agotado», le dijo.
El caso reabre así un debate más amplio sobre la gestión de la pandemia, el uso del poder y la coherencia entre el discurso público y la conducta privada de quienes lo sostienen.
Porque más allá de las posibles responsabilidades individuales, lo que está en juego es la credibilidad institucional en uno de los periodos más delicados para la sociedad española.












