Los trabajadores del sector primario denuncian las políticas de la Comisión Europea de Von der Leyen
Las principales organizaciones agrícolas han advertido de que las políticas climáticas impulsadas por Bruselas, junto con la burocracia europea, el Pacto Verde y acuerdos comerciales como Mercosur, podrían provocar pérdidas de hasta 39.000 millones de euros en el sector agrario europeo en los próximos siete años.
Según el sector, este impacto económico se debe principalmente al aumento del coste de los fertilizantes y a la creciente competencia de productos importados que no están sujetos a las mismas exigencias medioambientales y sanitarias que en la Unión Europea.
El impacto del Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono (CBAM)
Uno de los puntos más controvertidos es el Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono (CBAM), una herramienta diseñada por la Unión Europea para gravar las importaciones con altas emisiones de CO₂.
La Comisión Europea defiende que este sistema busca evitar la deslocalización de la producción hacia países con normativas medioambientales más laxas y proteger la industria europea frente a la competencia desleal.
Sin embargo, las organizaciones agrarias consideran que esta medida está generando un fuerte impacto negativo en el campo europeo. Aproximadamente un tercio de los fertilizantes nitrogenados utilizados en la UE procede del exterior, por lo que el nuevo mecanismo encarecerá aún más estos productos esenciales para la producción agrícola.
Subida de costes y presión sobre los agricultores
Los agricultores denuncian que no pueden trasladar el incremento de costes al consumidor, ya que los precios de los cultivos se fijan en mercados internacionales. Esto provoca que las explotaciones asuman mayores gastos sin aumentar sus ingresos, reduciendo unos márgenes de beneficio ya muy ajustados.
Las estimaciones del sector indican que el impacto directo del CBAM podría alcanzar los 820 millones de euros en 2026 y llegar hasta los 3.400 millones anuales en 2034. En total, el coste acumulado se situaría en torno a los 12.000 millones de euros.
No obstante, las organizaciones agrarias advierten de que el impacto real podría ser mucho mayor si los productores europeos aprovechan la menor competencia externa para subir sus precios, elevando las pérdidas globales hasta los 39.000 millones de euros.
Aumento del precio de los fertilizantes y crisis energética
El sector agrario señala que esta situación coincide con un contexto especialmente complicado. La producción de fertilizantes nitrogenados depende en gran medida del gas y de materias primas procedentes de regiones inestables como Oriente Medio.
En los últimos años, el precio de estos insumos ha aumentado entre un 30% y un 60%, según datos citados por el Parlamento Europeo, lo que agrava aún más la presión sobre las explotaciones agrícolas.
Competencia desleal de importaciones fuera de la UE
Otro de los grandes focos de preocupación es la competencia de productos agrícolas importados desde terceros países. El sector denuncia que los agricultores europeos deben cumplir estrictas normas medioambientales, fitosanitarias y de calidad, mientras que muchas importaciones acceden al mercado comunitario con estándares menos exigentes.
Uno de los casos más citados es el de Marruecos, donde diversas alertas del sistema europeo RASFF han detectado residuos de pesticidas en determinados productos. Además, auditorías comunitarias han señalado diferencias en los controles sanitarios respecto a los aplicados dentro de la UE.
Debate sobre las cláusulas espejo en la Unión Europea
Esta situación ha reactivado el debate en el Parlamento Europeo sobre la aplicación de las llamadas “cláusulas espejo”, una propuesta que busca exigir a las importaciones los mismos requisitos medioambientales y sanitarios que a los productores europeos.
Organizaciones como Copa-Cogeca defienden que, sin estas medidas, la política agrícola europea podría debilitar gravemente la competitividad del sector primario.
Riesgo para la viabilidad del campo europeo
Mientras Bruselas defiende que el CBAM es una pieza clave de su estrategia climática para reducir emisiones, el sector agrario insiste en que está asumiendo en solitario los costes de la transición ecológica.
Con los costes energéticos en máximos, el encarecimiento de los fertilizantes y unos márgenes cada vez más reducidos, muchos agricultores advierten de que numerosas explotaciones podrían dejar de ser viables en los próximos años si no se introducen medidas correctoras.












