Penas de hasta 10 años de cárcel por gestos públicos que se interpreten como homosexuales amenazan la seguridad de jóvenes atletas en Senegal
El Comité Olímpico Internacional (COI) ha emitido una advertencia urgente a los participantes de los IV Juegos Olímpicos de la Juventud, programados del 31 de octubre al 13 de noviembre de 2026 en Dakar, Senegal.
La medida responde a la reciente aprobación de una ley en la Asamblea Nacional senegalesa que endurece drásticamente las penas por relaciones homosexuales, elevándolas de uno a cinco años de prisión a entre cinco y diez años, con multas de hasta 10 millones de francos CFA (más de 15.000 euros).
Esta normativa, aprobada el 11 de marzo de 2026 con 135 votos a favor y solo tres abstenciones tras una sesión de diez horas, equipara los «actos contra natura» —término usado para describir la homosexualidad— con prácticas como la zoofilia o la necrofilia. Además, penaliza la «promoción» de la homosexualidad, lo que amenaza la libertad de expresión de periodistas, ONGs y defensores de derechos humanos.
La homosexualidad ha sido ilegal en Senegal desde 1965, tras la independencia de Francia, en un país de mayoría musulmana donde predomina la homofobia.
El COI, consciente del riesgo para deportistas de 15 a 18 años, ha alertado sobre la «peligrosidad de mostrar en público cualquier tipo de gesto que pueda interpretarse como conducta homosexual».
Dakar debía acoger los Juegos en 2022, pero la pandemia los pospuso; ahora, el endurecimiento legal complica el evento, creado por el COI para promover el olimpismo juvenil pese a ediciones previas de bajo impacto como Buenos Aires 2018.
Violación de derechos
Organizaciones como la FIDH y Naciones Unidas han condenado la ley por violar derechos humanos y fomentar violencia contra la comunidad LGBTIQ+, en un contexto de detenciones masivas desde febrero de 2026, incluyendo acusaciones de transmisión de VIH. El presidente Bassirou Diomaye Faye debe promulgarla, pero el COI evalúa medidas para proteger a los atletas.
Esta situación genera tensiones diplomáticas y cuestiona la viabilidad de los Juegos en Senegal, donde la represión se agrava por discursos soberanistas que ven la homosexualidad como «ataque occidental». El COI, fiel a su Carta Olímpica que prohíbe la discriminación por orientación sexual, prioriza la seguridad de los jóvenes.












