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Apple celebra su 50 aniversario entre el secretismo corporativo y la nostalgia de una innovación que parece haberse estancado

El 13 de marzo no fue un día cualquiera en la historia de la tecnología. La mítica tienda de Apple en Grand Central Terminal, Nueva York, cerró sus puertas sin previo aviso, sumergiendo a los seguidores de la marca en un mar de especulaciones.

Era el pistoletazo de salida —silencioso y envuelto en ese aura de misterio tan calculado por Cupertino— de las celebraciones por el 50 aniversario de la compañía fundada por Steve Jobs y Steve Wozniak.

Apple celebra su 50 aniversario

Apple solo teme un futuro lleno de éxitos pero sin alma

Sin embargo, más allá del marketing de la manzana mordida, este medio siglo de existencia nos obliga a reflexionar sobre si la empresa que cambió el mundo sigue conservando ese espíritu disruptivo que la hizo única o si se ha convertido en una maquinaria burocrática más preocupada por el margen de beneficio que por la verdadera vanguardia tecnológica.

Cincuenta años son una eternidad en el mundo digital. Apple ha pasado de ser un experimento en un garaje de Los Altos a convertirse en la empresa más valiosa del planeta. Pero en este camino hacia el gigantismo, muchos añoran aquel experimento de los ochenta donde la creatividad no conocía límites.

Apple mira con nostalgia sus inicios

Hoy, Apple parece más centrada en perfeccionar lo ya existente y en cerrar su ecosistema para atrapar al usuario en un jardín vallado de servicios de pago. Es la misma tendencia al monopolio y al control que observamos en otros campos, donde la falta de competencia real acaba degradando el servicio al ciudadano, como vemos cuando el pib per capita en espana vuelve al nivel de los anos 70 debido a la parálisis de ideas y de libertad económica.

«Apple ya no corre riesgos. Celebra su historia porque teme que su futuro sea una repetición constante de éxitos pasados sin el alma que los creó.»

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