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Un argelino en situación irregular, condenado a prisión tras robar decenas de bicicletas impunemente

En un nuevo episodio que evidencia el rotundo fracaso de las políticas de fronteras abiertas en Europa, la justicia francesa ha tenido que enfrentarse a lo evidente. Un ciudadano argelino de 29 años ha sido condenado tras arrasar con el patrimonio privado en la región de Gard.

Lo que al principio asomaba como robos aislados, ha resultado ser el prolífico negocio de un inmigrante ilegal que se dedicaba a saquear estaciones y calles. Hasta trece bicicletas y cuatro patinetes eléctricos fueron sustraídos por este individuo, quien convirtió el delito menor en su modo de vida diario en las calles francesas.

Un historial delictivo bajo el escudo del descontrol migratorio

El tribunal escuchó con asombro cómo la fiscalía constataba que el acusado enfrentaba «una montaña de hechos». No era un infractor ocasional; había hecho del hurto continuado una auténtica profesión sostenida en la impunidad and en la indulgencia de un sistema que no deporta a tiempo a quienes vienen a delinquir.

El rigor de los hechos, reportado por Midi Libre, subraya la insolencia del condenado: negaba los hechos o respondía con evasivas burlescas a los magistrados. Las dieciocho personas que se personaron como acusación civil son la muestra palpable del acoso sistemático que sufren los barrios obreros y comerciales europeos.

El abismo de las órdenes de expulsión que jamás se ejecutan

Pero lo verdaderamente alarmante de este caso no es la cifra de robos, sino que el asaltante magrebí pesaba sobre él una Obligación de Abandonar el Territorio Francés (OQTF). Como tantas otras veces, este requerimiento administrativo fue papel mojado, permitiendo al individuo campar a sus anchas meses después de que el Estado decretara su salida.

Esto corrobora la terrible realidad de las policías locales en Europa, donde, de igual manera que la policía alerta de graves riesgos de seguridad en España, las fuerzas del orden se ven maniatadas ante la inutilidad de las cartas de expulsión. Los criminales saben que la burocracia supranacional los ampara casi hasta las últimas consecuencias.

Occidente ante el espejo de la violencia e inseguridad subsidiada

Este suceso obliga a reflexionar sobre la asfixia del ciudadano medio. Mientras en muchos de nuestros países el PIB per cápita languidece a niveles de los años 70 bajo cargas tributarias inasumibles, ese dinero público no está logrando blindar nuestras calles. Al contrario, fomenta burocracias ineficientes que acogen y perpetúan a quienes vienen a erosionar el bienestar y la propiedad privada conseguida con enorme esfuerzo.

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