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Así es el día a día en la prisión tailandesa de Koh Samui

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El español Daniel Sancho ingresó este lunes en la cárcel de Koh Samui. Se trata de uno de los centros penitenciarios más precarios de Tailandia donde no existe ni higiene ni comodidad

El chef de 29 años se enfrenta a los cargos de homicidio premeditado, ocultamiento y sustracción de las distintas partes del cuerpo de su presunta víctima, el cirujano plástico Edwin Arrieta. Deberá acatar la jurisdicción de Tailandia, una de las más duras del mundo. El Código Penal tailandés recoge en su artículo 288 que el homicidio puede ser castigado con prisión de entre 15 y 20 años, cadena perpetua o pena de muerte.

La única opción que el hijo de Rodolfo Sancho tendría por ahora para librarse de estas probables situaciones es el indulto del rey tailandés Vajiralongkorn. Por ello, en el caso que finalmente fuera condenado a pena de muerte, dispondría de una última oportunidad de conmutarla por otra.

Bangkok Hilton

El centro penitenciario Koh Samui es apodado como Bangkok Hilton, ‘El Gran Tigre’. En ella conviven hoy más de 7.000 convictos, cuando solo debería acoger a 3.500. Los presos duermen en el suelo, comen un cuenco de arroz solo una vez al día, usan grilletes de cuatro kilos. Además, según relatan testigos, se producen torturas, abusos de poder… Por supuesto, la escasez de higiene es total. Es decir, un día allí es peor que estar en el infierno.

Y es que las condiciones penitenciarias de Tailandia se mantuvieron “muy por debajo” de la normativa internacional en 2022, según el informe anual de prisiones de la Federación Internacional de Derechos Humanos y la Unión por la Libertad Civil.

Ambos organismos han denunciado las condiciones de hacinamiento, los tratos y penas crueles, inhumanos o degradantes, las condiciones insalubres, el acceso inadecuado a la atención médica e incluso el trabajo en condiciones de explotación.

Contactos muy limitados con el exterior

Además, los contactos son mínimos y muy limitados con el exterior y existe una notable la falta de actividades recreativas y de rehabilitación debido precisamente a la sobreexplotación de estas prisiones. El hacinamiento y la insalubridad se traduce en la propagación de infecciones como la sarna y enfermedades como la tuberculosis. Además, los reclusos apenas reciben atención médica.

“Antiguos presos describieron tratos inhumanos y degradantes a los que ningún recluso debería ser sometido. Aunque las autoridades han adoptado algunas medidas positivas para abordar algunas situaciones de flagrante maltrato, el panorama general de las condiciones de reclusión sigue siendo desolador”, han indicado desde la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Celdas “jodidamente irritantes”

Por otro lado, la bloguera Mía Escobud, que estuvo en contacto con varios reos tailandeses, ha publicado sobre la vida en la cárcel en la que ya se encuentra Daniel Sancho. “Las celdas son jodidamente irritantes, 45 personas todas queriendo mear temprano por la mañana, y algunos insisten en ducharse en el único retrete de la celda. Ya no hay hamacas en las celdas y los reclusos están limitados a tres mantas cada uno: una para taparse, otra para dormir y otra como almohada”, detalla sobre estas habitaciones.

Respecto a la higiene, ha narrado lo siguiente: “Hay unas 16 duchas y 2 abrevaderos, es un poco locura. Puedes ir cuando todo el mundo haya cenado, pero es muy probable que no quede agua. Todo el mundo se ducha en calzoncillos, quizás un poco tímidos”.

Los presos se encuentran muy malnutridos y el menú que ofrece Koh Samui consiste en “arroz de aspecto asqueroso y caldo maloliente con algunos huesos”.

Una jornada en la prisión tailandesa

La jornada en esta cárcel empieza a las 6 de la mañana y los reos se tienen que colocar en filas de 40 para el primer recuento. Hay otros controles a las 11 de la mañana, las 2 del mediodía y las 4 de la tarde. En segundo lugar, se ponen los uniformes que les correspondan (marrón para prisión preventiva y azul para condenados).

Por la tarde, todos se reúnen para cantar el himno nacional y rezan oraciones budistas. Tras esto tienen un rato para ducharse y ver la televisión, aunque “bajo el control del personal del penal”. Y a las 9 de la noche se van a dormir en celdas de 16 personas y siempre con las luces encendidas.

Lo explica también con detalle el twittero Casola_89, enlace al que puedes acceder pinchando AQUÍ.

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