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Coches eléctricos: ni seguridad, ni ecosostenibilidad, ni perspectiva de género

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Es una de las grandes farsas de la supuesta transición ecológica que impone a los países desarrollados de la UE la Agenda 2030

Ni tan ecológicos, ni tan seguros, ni sostenibles; ni eco sensibles y menos aún con perspectiva de género, puesto que sus fabricantes siguen siendo hombres, sus empresarios y los peones que los apuntalan, desde la carrocería a las peligrosas y extra contaminantes baterías, que llegan a pesar de media unos 700 kilos de elementos muy perjudiciales para la naturaleza pero que sí avala la globalizadora Agenda 2030.

Lo advierten los verdaderos expertos, no los que aplican la susodicha y ‘buenista’ Agenda 2030. Son acusados de ‘negacionistas’, de ‘conspiracionistas’ del medioambiente, pero lo cierto es que son muchos ya los que están intentando, a pesar de los pesares, desmontar la ‘trama verde’ en favor de un producto que es supuestamente premium (y no solo por el dispendio económico necesario para adquirir uno de estos vehículos) porque supuestamente no perjudica al entorno y nos hace mejores personas.

Si hay una voz que está destacando por encima del resto y que está logrando muchísimos cientos de miles de seguidores es el experto en mecánica y perito Ángel Gaitán, que en diferentes medios y muy recientemente en Cuatro, ha recordado que las baterías de estos vehículos están formadas por distintas sustancias químicas, como iones de litio, aluminio o cobre, “que no son tan verdes” (todo lo contrario). De hecho, la batería en sí misma contamina bastante, pues tiene “un flujo de amperios tremendo”. Además, Gaitán asegura que “si algo falla, se produce un incendio”. “No quiero alarmar a nadie, pero quiero que sepan los que llevan en el culo. No estoy ni a favor ni en contra, os cuento lo que hay. Si os hacen creer que es ecológico, os están engañando”.

La obtención de los materiales para producir estas magnas y peligrosas baterías está lejos de ser sostenible: “Cuando se extraen los materiales, lo hacen con retroexcavadores, máquinas enormes, con las que se consume energía, y también se contaminan ríos“.

Ausencia de reciclaje de las baterías híper contaminantes

Lo más grave es que, hasta el momento, estos mastodontes no se están reciclando al cien por cien. Los cementerios de estos residuos son ingentes ya en todo el planeta. Por ejemplo, en España solo hay una planta de reciclaje que no es capaz de hacer el proceso completo. “La energía que se necesita para triturar esto es tremenda, y luego hay que separar, hay que utilizar unos químicos y generan unos gases que también hay que reciclar. Para transportar se necesita un sarcófago”.

Lo cierto y verdad es que los coches 100% eléctricos tienen baterías de iones de litio que pueden almacenar energía y recargarla una vez gastada. El problema surge cuando esas baterías están tan utilizadas que ya no pueden proporcionar una autonomía adecuada. Las grandes y pesadas baterías suponen un claro peligro para el medio ambiente, por lo que el reciclaje se ha convertido en un objetivo prioritario en el sector.

Estados sumisos a la Agenda 2030

Es un problema complicado que obvian la Agenda 2030 y los estados sumisos que adoptan el mantra de lo eléctrico como lo más amable para el medioambiente cuando los expertos saben que no es así. Además, el reciclaje de baterías (muy costosas de producir) tampoco es barato, eficiente o rápido.

Por ello, actualmente, el único material de las baterías de los vehículos eléctricos que merece la pena reciclar es el cobalto. El reciclaje del litio, el manganeso y el níquel, de momento, no resulta interesante económicamente ya que requieren procesamientos adicionales que aumentan los costes. Ya que hay miles de toneladas de material sobrante, con la contaminación extra que esto supone.

Los dos métodos principales para reciclar baterías implican temperaturas extremas o ácido. Ambos procesos generan emisiones y crean residuos, que pueden acabar en el medio ambiente. Además, aparece la cuestión económica, ya que muchas empresas de baterías pretenden utilizar menos cobalto. Si este es el caso, los márgenes de beneficio de los recicladores, de por sí ya bastante justos, se verán todavía más mermados.

Una tarea laboriosa y peligrosa

Además, reciclar los materiales de una batería es una tarea muy laboriosa y peligrosa. A todo esto se le añaden los costes de transporte de estas grandes y pesadas baterías, que pueden suponer hasta el 40% de los costes totales de reciclaje.

Y debido al riesgo de incendio, algunas empresas de transporte tienen directrices estrictas sobre cómo y cuándo se puede realizar este transporte. Las empresas que aceptan las cargas pueden cobrar un suplemento por el riesgo y los permisos que conlleva.

Por otra parte, ya se sabe, así lo garantizan como máximo los fabricantes, que las baterías tan caras y de los caros y contaminantes coches eléctricos no duran más allá de ocho años o unos 100.000 kilómetros con funcionamiento pleno.

Campañas ecosensibles e inclusivas

Los propietarios de vehículos eléctricos deberían considerar la posibilidad de sustituir sus baterías o su coche cuando la autonomía caiga por debajo del 80%. Sin embargo, y gracias a las campañas ecosensibles e inclusivas, y a las subvenciones estatales, se espera que la cuota de mercado de este tipo de vehículos sea del 30 por ciento en 2025 en Europa y del 70 por ciento en 2030, según previsiones de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA). La Agencia Internacional de Energía prevé que para ese mismo 2030 lleguen 350 millones de coches eléctricos a las carreteras de todo el mundo. Y si se tiene en cuenta que la batería de un coche eléctrico medio tiene una vida útil de entre 8 y 10 años

La situación actual no termina de ser económicamente viable para crear una red industrial tan potente… y lo saben. Además, el profesor de Química de la Universidad PSL de París, Philippe Barbous, ha advertido de que “en 10 años se fabricarán tantas baterías que el litio tendrá que ser completamente reciclado, de lo contrario no habrá suficiente”.

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