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Cole Tomas Allen considera a Trump un pedófilo, violador y traidor a EEUU

Trump lo define como un «lobo solitario trastornado» y «persona muy enferma», cargaba con un arsenal impresionante de armas

Cole Tomas Allen: ingeniero de 31 años, armado con escopeta, pistola y cuchillos, irrumpió en el hotel Hilton de Washington e hirió a un agente del Servicio Secreto, obligando a evacuar a Donald Trump.

La tradicional Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, celebrada en el hotel Hilton de Washington, se convirtió anoche en escenario de un grave incidente de seguridad cuando Cole Thomas Allen, un profesor de 31 años residente en Torrance (California), fue detenido tras abrir fuego contra agentes de protección presidencial. El presidente Donald Trump, acompañado de la primera dama Melania Trump y el vicepresidente JD Vance, fue evacuado de inmediato, al igual que altos funcionarios como Robert F. Kennedy Jr. y Pete Hegseth.

Allen, descrito por Trump como un «lobo solitario trastornado» y «persona muy enferma», cargaba con un arsenal impresionante: una escopeta, una pistola y múltiples cuchillos.

Según el Servicio Secreto, el sospechoso forzó un control de seguridad alrededor de las 20:36 horas, disparando entre cinco y ocho veces. Un agente resultó herido en el chaleco antibalas, pero se encuentra estable. El propio presidente compartió en Truth Social imágenes del atacante reducido en el suelo, esposado y bajo custodia.

De profesor destacado a amenaza impredecible

Cole Thomas Allen, originario del sur de Los Ángeles, combinaba una sólida carrera académica con profesiones variadas. Estudió ingeniería en el Caltech (graduado en 2017) y obtuvo un máster en Ciencias de la Computación en 2025.

Reconocido como «Profesor del Mes» en diciembre de 2024 por C2 Education en Torrance, impartía clases de biología, matemáticas y ciencias a estudiantes de secundaria, donde era alabado como «inteligente, amable y tranquilo» por colegas como Dylan Wakayama del Asian American Civic Trust.

Además, se definía en LinkedIn como ingeniero mecánico e informático, desarrollador independiente de videojuegos —autor de «Bohrdom» en 2018— y había colaborado en investigaciones de astrofísica en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en 2014, así como en prototipos para mejorar sillas de ruedas.

Sus perfiles en redes sociales priorizaban temas tecnológicos y educativos, con escasas menciones políticas, salvo críticas aisladas a los despidos masivos de empleados federales impulsados por el Gobierno Trump. No hay indicios de afiliación partidista o extremismo organizado.

Investigación en marcha y reacciones

La fiscal federal Jeanine Pirro ha imputado a Allen cargos graves por tenencia ilegal de armas y agresión, afirmando que buscaba «causar el mayor daño posible», posiblemente contra Trump y su gabinete. Se hospedaba en el mismo hotel y está hospitalizado bajo vigilancia del FBI, que registra su vivienda en Torrance. Trump, ileso, condenó el acto en rueda de prensa: «Se veía bastante malvado».

Allen había enviado a su familia un “manifiesto” donde deja claro su “odio a los cristianos”. El manifiesto, al que ha accedido en exclusiva The New York Post, comienza pidiendo disculpas a sus padres, compañeros y a empleados del hotel que no eran “objetivos” pero a los que puso “en peligro”.

Podófilo, violador y traidor

Aunque sus más de mil palabras arrancan con un tono jocoso, rápidamente deriva hacia el motivo de su ataque: “Lo que hacen mis representantes me repercute. No voy a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”. «Considera que, de no actuar contra Trump, seguiría siendo “cómplice” de los “crímenes del opresor”.

Indicaba que los altos cargos, “priorizados desde los de mayor rango hasta los de menor rango”, es decir, empezando por Trump, “son objetivos”, “a excepción del señor Patel”, el director del FBI.  

Además, en una post data, Allen escribe entre la indignación y la mofa de los nulos procesos de seguridad que atravesó: “La seguridad del evento está toda fuera, centrada en los manifestantes y los recién llegados, porque aparentemente nadie pensó en lo que pasaría si alguien se registra el día anterior”. 

“Ah, y si alguien tiene curiosidad en cómo se siente hacer algo así: es horrible. Quiero vomitar; quiero llorar por todas las cosas que quería hacer y nunca haré, por todas las personas cuya confianza traiciono; siento rabia al pensar en todo lo que ha hecho esta administración. ¡Realmente no puedo recomendarlo! Quédense en la escuela, niños”, concluye.

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