Lo que comenzó como un viaje de lujo por algunos de los lugares más remotos del planeta terminó convertido en una crisis sanitaria internacional que mantiene en alerta a varios países. El crucero neerlandés MV Hondius acumula ya tres muertos por hantavirus y decenas de pasajeros bajo vigilancia médica tras semanas de confusión, errores y retrasos en la reacción sanitaria.
La gran pregunta ahora es por qué tuvieron que pasar casi tres semanas desde el primer fallecido hasta que se activó la alerta epidemiológica internacional.
El caso ya está siendo seguido de cerca por la Organización Mundial de la Salud y ha provocado operaciones de cuarentena en Europa, Estados Unidos y Sudáfrica.
El primer muerto fue tratado como un caso natural
Todo arrancó el 5 de abril, cuando un pasajero neerlandés de 69 años empezó a encontrarse mal durante la expedición por el Atlántico Sur.
Fiebre, dolores de cabeza y molestias gastrointestinales. Síntomas aparentemente compatibles con una gripe o un agotamiento físico tras varios días de navegación extrema.
El problema es que no era una gripe.
El hombre murió seis días después dentro del propio barco mientras el MV Hondius navegaba cerca de Georgia del Sur. Sin embargo, los pasajeros recibieron una explicación tranquilizadora: fallecimiento por causas naturales.
Nadie sospechó entonces de una infección grave.
Y ahí empezó el gran retraso que ahora está en el centro de la polémica.
El hantavirus confundió incluso a los médicos del barco
El hantavirus es una enfermedad extremadamente rara y muy difícil de detectar en sus primeras fases. Los síntomas iniciales se parecen mucho a los de infecciones respiratorias comunes o cuadros gastrointestinales.
Pero la cepa Andes, detectada posteriormente en este brote, puede dispararse en cuestión de horas y alcanzar tasas de mortalidad cercanas al 50%.
Según la compañía Oceanwide Expeditions, el médico del barco no tenía indicios suficientes para pensar en una enfermedad contagiosa peligrosa.
Por eso no se activaron protocolos internacionales ni se informó inmediatamente a las autoridades sanitarias.
Mientras tanto, el crucero siguió haciendo escalas normales.
Más de 150 personas siguieron viajando sin saber el riesgo
Ese es uno de los puntos más delicados del caso.
El barco continuó la expedición mientras pasajeros y tripulantes desembarcaban en algunos de los lugares más aislados del planeta.
El 14 de abril, más de un centenar de personas bajaron en Tristán de Acuña, uno de los territorios habitados más remotos del mundo. Allí compartieron espacios cerrados, participaron en actividades turísticas e incluso convivieron con residentes locales.
Días después, el crucero llegó a Santa Elena y decenas de pasajeros comenzaron a dispersarse por distintos países.
La situación explotó definitivamente cuando la viuda del primer fallecido enfermó gravemente durante un vuelo hacia Johannesburgo transportando el cuerpo de su marido.
Murió el 26 de abril en Sudáfrica.
Para entonces ya había pasajeros con síntomas repartidos entre Europa, América y África.
Precisamente hace unas horas también se conoció cómo Francia confirmó un positivo de hantavirus entre los pasajeros repatriados del crucero, mientras Estados Unidos investiga varios casos sospechosos.
La OMS sigue de cerca el brote internacional
El momento más crítico llegó cuando un tercer pasajero, de nacionalidad alemana, desarrolló una neumonía severa y acabó falleciendo el 2 de mayo.
Solo entonces comenzaron los rastreos masivos y las pruebas específicas para detectar hantavirus.
Expertos de la OMS creen ahora que el gran problema fue la combinación de varios factores: síntomas engañosos, navegación en zonas aisladas y pasajeros repartidos por numerosos países antes de detectar oficialmente el brote.
El caso ha obligado a activar cuarentenas internacionales sin precedentes recientes para un crucero turístico.
España ya mantiene aislados a varios pasajeros en el Hospital Gómez Ulla de Madrid. Estados Unidos trasladará a sus ciudadanos a instalaciones especiales en Nebraska y Reino Unido hará lo mismo con decenas de británicos.
Además, las autoridades investigan ahora si el contagio original pudo producirse en Argentina antes del embarque.
El miedo a una nueva pandemia dispara la preocupación
Aunque la OMS insiste en que el riesgo para la población general sigue siendo bajo, el caso del MV Hondius ha reabierto el miedo global a los virus emergentes y a la velocidad con la que pueden expandirse a través de vuelos internacionales y cruceros turísticos.
Sobre todo porque durante semanas nadie sospechó que a bordo viajaba una enfermedad potencialmente mortal.
Y cuando saltaron las alarmas, los pasajeros ya estaban repartidos literalmente por medio mundo.













