Saltar el contenido

Disney sufre descalabro tras descalabro tras rendirse a la cultura woke

Menos de 1 minuto Minutos

Disney está viviendo/sufriendo uno de sus momentos más críticos. Los expertos aseguran que se debe a que se ha plegado al denominado “buenismo woke”

Pero ¿qué es la cultura woke que parece que todo lo quiere invadir, que todo lo quiere cambiar, moldear y trastocar a su antojo, incluso obras clásicas?

Woke significa “despierto”. Es un término que se originó en Estados Unidos no hace mucho. Se refería exclusivamente de destacar a las personas que se mantenían alertas frente al racismo. Más tarde, lo woke también hacía referencia a las personas que tenían conciencia frente a la desigualdad social, defensores de la diversidad sexual…

La izquierda y la progresía más ultra se hicieron con lo woke en muy poco tiempo para enfatizar aquello que debía ser defendido a ultranza, incluyendo todo lo eco, la identidad sexual, los derechos LGTB.

Cultura de la cancelación

En 2020, ya se comenzó a hablar de movimientos e ideologías progresistas radicales o de izquierda identitaria posmoderna percibidos como demasiado rabiosos, entusiastas, agresivos, agitadores, susceptibles o poco sinceros, y por su tendencia a la censura de opiniones discrepantes mediante la llamada cultura de la cancelación.

Tal y como señala Winston Manrique, en un reportaje publicado en WMagazín, lo woke ha derivado en “en una corriente que coarta la libertad de expresión y de creación. Los extremos de esta corrección política generan lo contrario a lo prometido: involución, puritanismo y temor”.

Doctrina woke y el puritanismo censor

La doctrina woke utiliza una causa justa e incuestionable para imponer un nuevo puritanismo censor. Restringe el debate, coarta la libertad del lenguaje y mata la diversidad de miradas. En definitiva, censura la pluralidad y elimina el contexto tan necesario para entender cualquier acontecimiento. Es, junto a la desinformación, una variante de las nuevas hegemonías. La desinformación fomenta la desestabilización y la doctrina woke impone un nuevo tipo de pensamiento único en el que se normaliza la descontextualización para reescribir la historia y la actualidad”, explica Ignacio Jiménez Soler en WMagazín.

Bajo lo woke se han intentado prohibir y descatalogar películas con el argumento de que hacen apología o irrespetan a minorías raciales o de géneros. Ocurrió hace un par de años con Lo que el viento se llevó.

A todo ello se une la llamada apropiación cultural que parte del hecho que solo las personas de una región, etnia, sexo, género o religión pueden crear o utilizar sus materiales. La polémica en el cine nació con la película Tár, de Todd Field, protagonizada por Cate Blanchett. La actriz interpreta a una exitosa directora de orquesta lesbiana y fue atacada por un sector con el argumento de que Blanchett no debería interpretar ese personaje porque no es lesbiana.

Viaje a la deriva de Disney

Y precisamente Disney se ha impregnado, y de qué manera de esta cultura revisionista, radical y extrema en supuesta defensa y propaganda de las minorías a través de sus proyectos que por otro lado, han fracasado estrepitosamente. Ha sucedido recientemente con el largo Lightyear. Se ha hablado más acerca de un rápido beso lésbico que de su trama.

El extraño viaje a la deriva de Disney comenzó hace diez años cuando compró la empresa Lucasfilm. Parece que el motivo, o uno de ellos, fue revisar (con la inclusión de personajes de cuota woke) o incluso censurar sus propios clásicos.

Su rendición a las políticas progresistas y el abandono de su objetivo original, el entretenimiento de los niños, en favor de lo políticamente woke-correcto está llevando a la empresa a la pérdida de beneficios.

El adoctrinamiento woke ha afectado a películas revisadas, recién estrenadas y fracasadas como La sirenita o Peter Pan y Wendy. También al descenso de público en sus parques o la pérdida de millones de abonados a su plataforma de streaming. Consecuencias: cierre de su división de desarrollo metaverso, recortes de plantilla para reducir los costes en unos 5.500 millones de dólares.

Quizás Disney se replantee, a partir de este año 2023, nuevos proyectos menos radicalizados que hasta el momento solo han tenido la primigenia intención de promover la cultura woke frente al objetivo de su creador: el entretenimiento familiar, sin más.

1 Comment

  1. ÁNGEL Glez
    julio 20, 2023 @ 11:53 pm

    Me alegro que se estallen como una pita. A ver si empiezan a contratar a gente inteligente con sentido común y sin pensamiento imbécil (woke).

Deja tu respuesta