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EEUU despliega su élite militar en el Golfo Pérsico para recuperar el control del Estrecho de Ormuz

Navy SEAL, Delta Force, Rangers y una brigada completa de paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada de EEUU ya están en la zona

Mientras Donald Trump afirmaba que mantenía “conversaciones positivas” con Irán y Teherán lo desmentía rotundamente, las fuerzas especiales más selectas del Ejército de EEUU se desplazaban en silencio hacia sus bases en el Golfo Pérsico.

Miembros de los Navy SEAL, Delta Force, el 75º Regimiento de Rangers y una brigada entera de la 82ª División Aerotransportada —unos 3.000 paracaidistas— ya han llegado a instalaciones en Arabia Saudí, Jordania y otros puntos de la región. Este viernes, coincidiendo con el vencimiento del ultimátum estadounidense, se sumará un grupo anfibio con los buques de asalto USS Tripoli y USS New Orleans, que transportan 2.500 marines.

El despliegue incluye además el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR) y el 5º Grupo de Fuerzas Especiales, unidades que ya demostraron su capacidad en operaciones de alto riesgo como la captura de Nicolás Maduro en enero y el asalto que acabó con Osama Bin Laden en 2011.

Posibles golpes de mano

Según fuentes militares consultadas por EL MUNDO, estas tropas se preparan para posibles “golpes de mano” tras líneas enemigas: neutralizar radares, bases de la Guardia Revolucionaria iraní o incluso tomar posiciones clave como la isla de Jark —por donde sale el 90 % del petróleo iraní— o las islas Qeshm y Larak, situadas en el corazón del Estrecho de Ormuz.

Tres escenarios principales

El Pentágono estudia tres escenarios principales. El primero consiste en escoltar convoyes de petroleros con buques de guerra, aunque no elimina la amenaza de drones y misiles iraníes. El segundo, más ambicioso, implica una operación combinada de paracaidistas y desembarco anfibio para tomar las islas del estrecho, un terreno extremadamente hostil con defensas en capas, cuevas naturales y playas estrechas flanqueadas por acantilados. El tercero, considerado “rehén estratégico”, pasa por capturar Jark para forzar a Teherán a reabrir el estrecho a cambio de su devolución.

Expertos consultados advierten de los enormes riesgos. Anthony H. Cordesman, del Centro para Estudios Estratégicos Internacionales, señala que “cualquier intento de EEUU de tomar o neutralizar instalaciones clave iraníes afrontaría serios riesgos debido a las defensas en capas de Irán y su capacidad para escalar el conflicto en toda la región”.

Entorno muy peligroso

Michael Knights y Bryan Clark, analistas del Instituto de Washington y el Hudson Institute, coinciden en que “el litoral del Golfo es uno de los entornos más peligrosos para operaciones anfibias”, comparable históricamente al desastre de Gallipoli en 1915.

El movimiento militar se interpreta como una mezcla de presión disuasoria y preparación real. Trump ha exigido que Irán entregue su uranio enriquecido, desmantelando su programa nuclear y de misiles balísticos, y deje de financiar a Hizbulá, Hamás y los hutíes. Teherán, por su parte, responde con una lista de exigencias maximalistas: cierre de todas las bases estadounidenses en el Golfo, indemnizaciones y garantías de no injerencia.

Con el precio del petróleo disparado y los mercados nerviosos, Washington ha ampliado el plazo original de 48 horas para ganar tiempo y posicionar sus fuerzas. Este viernes se sabrá si la diplomacia o la fuerza decidirán el futuro del Estrecho de Ormuz, arteria vital por la que transita el 20 % del petróleo mundial. La tensión, por ahora, sigue en aumento.

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