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El boicot separatista contra las banderas de España se estrella y el Atlético de Madrid humilla al Barcelona por 0-2

Los ultras independentistas pedían prohibir la rojigualda como “venganza”, pero el Frente Atlético les dio un baño de realidad español

El separatismo catalán volvió a intentarlo y volvió a fracasar. Los grupos radicales del Gol Nord, Nostra Ensenya y Peña Almogàvers exigieron días antes del partido de Champions que se prohibiera la entrada de banderas de España en el Spotify Camp Nou durante la visita del Atlético de Madrid. Querían “venganza” por las esteladas requisadas en el Metropolitano y pretendían convertir el estadio en un infierno antinacional. Pues bien, el boicot no solo no funcionó: se convirtió en un ridículo monumental.

Más de 2.000 aficionados rojiblancos, capitaneados por el Frente Atlético, tomaron su sector y lo inundaron de banderas españolas. Los Mossos d’Esquadra, esta vez con criterio, rechazaron el veto separatista y solo intervinieron contra símbolos preconstitucionales o franquistas. La rojigualda constitucional ondeó con orgullo junto a las banderas del Atlético de Madrid en un estadio que los independentistas quisieron convertir en territorio hostil. El mensaje fue claro: España no se rinde ni en el fútbol.

Atleti, español y orgulloso

Sobre el césped, el Atlético de Madrid, equipo español y orgulloso de su país y de su capital, dio una lección de fútbol y de carácter.

Con un juego serio, intenso y sin complejos, los colchoneros se impusieron merecidamente por 0-2 ante un Barcelona más preocupado de política que de balones. La victoria fue el resultado de un equipo unido, trabajador y sin complejos identitarios. Mientras los culemanes agitaban esteladas, los madrileños defendían los colores de la Nación.

Una noche más, el fútbol demostró lo que el separatismo no quiere aceptar: España está viva, sus símbolos no se negocian y sus equipos, como el Atlético de Madrid, cuando representan a la patria con orgullo, siempre ganan.

El boicot independentista se fue al traste y el Atlético, con la cabeza bien alta, se llevó los tres puntos y un trofeo invisible pero valiosísimo: el respeto de todos los españoles de bien.

Viva España en el fútbol. Y ahora queda la vuelta en Madrid, en el Metropolitano.

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