La crisis política de Cartagena: el transfuguismo como moneda de cambio en un Ayuntamiento fragmentado
El fracaso de la moción de censura contra Noelia Arroyo en Cartagena destapa las acusaciones de arribismo y la falta de solidez ideológica de los ediles no adscritos, Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo.
Los concejales no adscritos garantizan la alcaldía a Noelia Arroyo tras un vertiginoso periplo por todo el arco político local, mientras arrecian las duras denuncias sobre su falta de preparación y deslealtad interna. La escritora Lola Gutiérrez destapa las supuestas tácticas y purgas médicas empleadas por los dos ediles tránsfugas para escalar en el poder, convirtiéndose hoy en los árbitros de la gobernabilidad de la ciudad.
De VOX a firmar la censura con el PSOE y MC para acabar regresando al PP: la cronología de dos ediles cercados por las críticas de la sociedad civil y la sombra del beneficio propio.
Laberinto político de película cutre
El Ayuntamiento de Cartagena se ha convertido en el epicentro de un laberinto político marcado por los giros de guion, el transfuguismo y alianzas que desafían cualquier lógica programática. Lo que comenzó como una coalición de gobierno estable entre el Partido Popular de la alcaldesa Noelia Arroyo y los concejales de VOX, ha desembocado en un tablero donde los cargos públicos saltan de un bloque a otro en cuestión de días.
La presentación —y posterior desactivación— de la moción de censura encabezada por el líder de Movimiento Ciudadano (MC), Jesús Giménez Gallo, apoyada inicialmente por el PSOE, Sí Cartagena y los dos ediles díscolos de VOX, ha dejado al descubierto la debilidad de las siglas frente a las cuotas de poder personal, provocando una profunda crisis institucional y el hartazgo de la sociedad civil cartagenera.
De VOX a la izquierda y el regreso al PP
El cisma estalló cuando los concejales Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo decidieron abandonar la disciplina de VOX tras la destitución del líder regional del partido, José Ángel Antelo. Convertidos en concejales no adscritos, los ediles iniciaron un vertiginoso periplo político.
En un movimiento inédito, Salinas y Sánchez del Álamo se alinearon con las tesis de la izquierda (PSOE y Sí Cartagena) y del cartagenerismo de MC para registrar una moción de censura destinada a derrocar al Partido Popular de Noelia Arroyo, llegando a posar en fotos de trabajo con la oposición y prometiendo «estabilidad y seguridad» al sector empresarial.
Sin embargo, apenas una semana después y tras una maniobra de presión por parte de la alcaldesa, ambos ediles volvieron a cambiar de rumbo, anunciando que votarían en contra de la propia moción que habían firmado, garantizando así la permanencia del PP en el Gobierno local.
Este doble giro ha dejado la credibilidad de ambos representantes bajo mínimos, evidenciando una estrategia basada en la supervivencia dentro del consistorio a cambio de mantener sus generosos sueldos públicos.
Grabaciones, nepotismo y el uso de la enfermedad
La trayectoria interna de Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo en la política local ha estado envuelta en la polémica desde los inicios de la legislatura. La conocida escritora cartagenera, exmilitante de VOX y paciente oncológica, Lola Gutiérrez, ha denunciado públicamente las prácticas y la «ruindad» moral de ambos personajes para ascender en las listas electorales.
Gutiérrez detalla cómo Beatriz Sánchez del Álamo, ocupando inicialmente el número cinco, maquinó para desplazarla valiéndose de tácticas desleales:
«Le valió todo. También le valió desprestigiar a todo el que se interpuso en su camino, incluso a sus propias compañeras de partido hasta hacerlas llorar; enredando, mintiendo y grabando conversaciones ajenas para, después, acudir a la cúpula con la ‘prueba’, malmeter y lograr expulsiones.»
La escritora, en un artículo en La Opinión acusa a Sánchez del Álamo de atribuirse méritos ajenos y de boicotear el trabajo de sus compañeras, teniendo siempre que depender de escritos redactados por terceros debido a su falta de preparación.
El perfil de Diego Salinas resulta igualmente controvertido. Según la denuncia de Gutiérrez, Salinas actuó en connivencia con Sánchez del Álamo para apartarla de las listas utilizando de forma sesgada su condición médica.
A pesar de encontrarse en remisión completa de un mieloma múltiple (cáncer de sangre) y plenamente capacitada para el cargo, Salinas solicitó su destitución argumentando que su enfermedad la invalidaba profesionalmente, un acto calificado por la escritora como un «atropello y un estigma obsoleto».
Gutiérrez define a Salinas como una figura instrumentalizada, afirmando que es «incapaz de dar un discurso si un compañero no le sostiene las hojas delante», y concluye de manera tajante sobre la labor de ambos concejales: «No merecen ser llamados representantes. Han destrozado a muchas personas a cambio de un generoso sueldo».
La descomposición de la política cartagenera
El descrédito no se limita a los dos ediles tránsfugas; salpica de lleno a todo el espectro político de Cartagena. El PSOE local ha sido duramente criticado por estar dispuesto a pactar y blanquear a dos perfiles procedentes de la extrema derecha con tal de recuperar una cuota de poder municipal, una estrategia calificada por diversos analistas como un ejercicio de puro oportunismo.
Por su parte, la alcaldesa Noelia Arroyo (PP) vuelve a sostener su gobernabilidad sobre concejales desautorizados, priorizando los sillones a la regeneración democrática.
Incluso la alternativa de gobierno nacida de MC se encuentra bajo sospecha. El promotor de la moción de censura, Jesús Giménez Gallo, no solo ha fracasado en su intento de asalto a la alcaldía, sino que sufre una severa crisis de liderazgo en sus propias filas.
El fundador y expresidente de la formación cartagenerista, José López («Pepe López»), cargó duramente contra él, acusando a la actual dirección de MC de «traicionar sus principios» y atribuyendo la moción al «desmesurado ego» de Giménez Gallo, lo que evidencia que la guerra por el control del relato político en la ciudad es total y descarnada.
Cartagena asiste, de este modo, a un escenario de descomposición institucional donde la gestión municipal queda supeditada a las ambiciones personales de unos líderes cuestionados tanto por sus antiguos compañeros como por los ciudadanos.













