La Comisión Europea de Von der Leyen sigue perjudicando al sector primario
El sector cerealista español atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Miles de agricultores aseguran que producir cereal ya no resulta rentable debido al fuerte incremento de los costes de producción y a unos precios de venta que continúan muy por debajo de lo necesario para cubrir gastos.
La situación se ha agravado en plena campaña agrícola por el encarecimiento de insumos esenciales como los fertilizantes y el combustible. Según denuncian las organizaciones agrarias, productos clave como la urea han registrado subidas cercanas al 50% tras las tensiones internacionales derivadas del conflicto en Irán. Mientras tanto, el precio del cereal apenas ha aumentado entre un 2% y un 3%, generando una pérdida creciente de rentabilidad en las explotaciones.
Protestas del campo español ante la crisis del cereal
Ante este escenario, las principales asociaciones agrarias —Asaja, COAG, UPA y Unión de Uniones— han convocado nuevas movilizaciones para exigir soluciones urgentes. Una de las primeras protestas tendrá lugar en Valladolid, uno de los principales núcleos agrícolas de Castilla y León, comunidad líder en producción cerealista.
Además, representantes del sector español participarán en las manifestaciones organizadas en Estrasburgo por Copa-Cogeca, coincidiendo con el debate europeo sobre nuevas medidas para afrontar la crisis de fertilizantes en la Unión Europea.
Los agricultores alertan de un problema estructural
Desde COAG advierten de que el aumento de costes no es una situación puntual, sino un problema estructural que lleva años afectando al campo español. Sin embargo, reconocen que la campaña actual está alcanzando niveles especialmente preocupantes.
Aunque las previsiones de cosecha son aceptables en volumen, muchos productores temen que los ingresos finales no permitan cubrir los gastos derivados de la siembra, el abonado y el mantenimiento de las explotaciones agrícolas.
Cultivos de cereal cada vez menos rentables en España
La falta de rentabilidad ya está provocando cambios importantes en distintas regiones agrícolas. En comunidades como Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha, numerosos agricultores comienzan a cuestionarse la viabilidad de seguir sembrando cereal.
Para reducir costes, algunas explotaciones han optado por disminuir el uso de fertilizantes o sustituir cultivos tradicionales como la cebada por alternativas menos costosas, como el girasol, que requiere una menor inversión inicial.
Riesgo para el maíz, el arroz y otros cultivos de regadío
La crisis también amenaza a otros productos agrícolas. Cultivos de regadío como el maíz o el arroz podrían sufrir una reducción de superficie sembrada debido al elevado precio de los fertilizantes nitrogenados y a la incertidumbre sobre el suministro.
El sector teme que las dificultades para importar determinadas materias primas y el elevado coste energético compliquen aún más el acceso a estos productos esenciales para la producción agrícola.
España depende de las importaciones de cereal
Otro de los grandes problemas del sector es la dependencia exterior. España produce cada año entre 18 y 20 millones de toneladas de cereal, pero el consumo nacional supera ampliamente los 30 millones de toneladas. Esta diferencia obliga al país a importar grandes cantidades, aumentando la vulnerabilidad frente a las tensiones internacionales y la volatilidad de los mercados.
El encarecimiento podría llegar al consumidor
Las organizaciones agrarias también alertan de que esta situación podría terminar afectando al precio final de los alimentos. El incremento de costes en origen amenaza con trasladarse progresivamente al consumidor si no se ponen en marcha medidas que alivien la presión sobre agricultores y ganaderos.
El sector exige ayudas y precios justos
Para frenar el deterioro del campo español, las asociaciones agrarias reclaman una respuesta inmediata por parte de las administraciones. Entre sus principales demandas destacan el aumento de las ayudas públicas para compensar el encarecimiento de fertilizantes y carburantes, así como una aplicación más estricta de la Ley de la Cadena Alimentaria.
El objetivo, aseguran, es evitar prácticas abusivas y garantizar precios justos que permitan a los productores mantener la actividad sin trabajar a pérdidas.
Mientras Bruselas estudia nuevas medidas, el sector agrícola ya prepara nuevas protestas y movilizaciones, convencido de que esta campaña cerealista puede convertirse en una de las más difíciles y menos rentables de la última década.













