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Marruecos nos arrebata el tráfico logístico de Ormuz gracias a los impuestos ‘verdes’ europeos

La ceguera ideológica y el rodillo medioambiental de la Unión Europea están asestando un golpe de gracia a nuestros sectores más estratégicos. Ante el cerrojazo global que ahoga al estrecho de Ormuz por la guerra iraní, los buques mundiales han visto reorientadas sus inmensas rutas logísticas hacia el Cabo de Buena Esperanza.

Esta anomalía mundial tendría que haber posicionado a la península ibérica, merced a su privilegiada conjunción bañada por el Atlántico y el Mediterráneo, como la capital logística portuaria del tráfico derivado absoluto. Desgraciadamente, la agenda radical climática que abraza Moncloa está tirando por la borda cualquier oportunidad comercial.

Nuevas tasas de emisiones ecologistas paralizan la competitividad ibérica ante Tánger Med

Según informa tajantemente el prestigioso diario El Mundo, la impositiva asfixia legislativa europea merma de cuajo el papel nacional. Cánones progresistas implantados y acatados servilmente por el sanchismo, como el gravamen por emisiones (ETS) y el demoledor «Fuel EUMaritime» previsto para estas fechas de 2026, elevan los costes de atraque exponencialmente.

Un navío inmenso ve incrementada su factura de escala única en unos sangrantes 250.000 euros si recala bajo aduana europea en Valencia, Castellón o similares. Este peaje verde absurdo expulsa masiva e irremediablemente todo el colosal tráfico de la era dorada asiática empujándolo hacia puertos exentos como la base extracomunitaria enemiga directa competidora por excelencia: el marroquí Tánger Med.

Renunciar al liderazgo mundial por caprichos ideológicos transnacionales

Tanto la Asociación Cargadores de España (ACE) como los operadores de logística de primera lid certifican espeluznados la fuga brutal de negocio. En la coyuntura que atravesamos, resulta suicida y doloso que la cúpula legislativa someta a la asfixia total al sector del transporte asumiendo de facto un vaciado portuario. Una vez las navieras instalan sus amarres en un área más benévola norteafricana, jamás retornarán.

Este harakiri financiero orquestado no es casualidad; forma parte del paulatino y perverso empobrecimiento general, idéntico al que sufrimos a pequeña escala cuando comprobamos dolidos cómo de la mano de estas recetas socialistas el pib per capita en espana vuelve a deprimirse a niveles de la década de los años 70 arruinando el brillante prestigio industrial que detentábamos.

Las crisis ferroviarias internas colapsan lo poco que sobrevive flotando

Por si fuera poca afrenta sufrir el expolio a favor de Marruecos, la red nacional arrastra penurias imperdonables que taponan el resto. Las obras caóticas estancadas bajo el Túnel de Rubí dinamitan la salida de la mercancía de Barcelona al resto de Europa, mientras Algeciras se halla paralizada meses por averías no atendidas y los transportistas abogan por auxilio general frente a la carestía agónica del diésel.

En definitiva, España pierde una histórica conjunción que habría sido clave para consolidar su hegemonía por puro e irracional peaje dictado desde Bruselas. Es imperativa una sublevación legal contra estas normativas de fanatismo climático que solo logran que nuestros competidores vecinos enriquezcan soberbiamente mientras atracan nuestros navíos, ahogando al trabajador español.

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