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El gobierno catalán abrirá una cárcel en Barcelona con sala de lectura, gimnasio y despachos

La gran novedad es que será un centro penitenciario sin rejas y tendrá capacidad para 800 internos

La Generalitat de Catalunya pondrá en marcha a finales de este año un nuevo centro de régimen abierto en Barcelona, situado en la zona de la Zona Franca de Barcelona. El complejo está diseñado para acoger hasta 800 internos en fase de semilibertad, es decir, personas que se encuentran en el tramo final de su condena bajo el régimen de tercer grado.

Este tipo de internos solo acuden al centro para pernoctar o cumplir con controles periódicos, manteniendo así una vida prácticamente integrada en la sociedad.

Unificación de centros y ampliación de plazas

El nuevo equipamiento permitirá agrupar en un solo espacio las plazas que actualmente están distribuidas entre el antiguo centro penitenciario de la Centre Penitenciari de la Trinitat y la sección masculina de Centre Penitenciari de Wad-Ras.

Además, el proyecto incrementará la capacidad del sistema en unas 200 plazas adicionales, mejorando la gestión del régimen abierto en la ciudad.

Diseño sin rejas: una prisión que no parece una prisión

Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es su diseño arquitectónico, que rompe con la imagen tradicional de los centros penitenciarios. Desde el exterior, el edificio se asemeja más a un equipamiento sanitario o administrativo que a una cárcel convencional.

El complejo está formado por tres bloques de líneas modernas en tonos grises y blancos. En el interior, en cambio, predominan colores más cálidos y vivos como el azul, el amarillo o el naranja, con el objetivo de crear un entorno más humano y menos hostil.

Tecnología, seguridad y acceso sin llaves

Las habitaciones, concebidas como espacios residenciales, no utilizan el término “celdas” y no cuentan con cerraduras tradicionales. El acceso se realiza mediante tarjetas electrónicas, y el mismo sistema se emplea para circular por las distintas áreas del centro.

Los controles de acceso incorporan además tecnología de reconocimiento facial. A diferencia de las prisiones convencionales, no existen rejas ni llaves físicas, reforzando la idea de un entorno abierto y orientado a la reinserción.

Instalaciones: lectura, deporte y formación

El centro está distribuido en módulos conectados entre sí, con zonas comunes diseñadas para la vida diaria de los internos. Entre ellas destacan:

  • Salas de lectura
  • Aulas de formación
  • Espacios para entrevistas y seguimiento
  • Comedores comunitarios
  • Un gimnasio de uso interno
  • Patios interiores con luz natural

El conjunto busca acercarse más a un entorno residencial que a una instalación penitenciaria tradicional.

Inversión y sostenibilidad del proyecto

La construcción del nuevo centro ha supuesto una inversión de aproximadamente 35,6 millones de euros. El edificio ha sido levantado con criterios de sostenibilidad, empleando materiales de bajo mantenimiento como la cerámica esmaltada.

Además, parte del mobiliario está siendo fabricado por internos a través del Centre d’Iniciatives per a la Reinserció (CIRE), dependiente del departamento de justicia autonómico.

Un modelo enfocado en la reinserción social

El conseller de Justicia, Ramon Espadaler, defiende este modelo como una pieza clave dentro del proceso de reintegración social. Según la Generalitat, el régimen abierto permite una transición gradual hacia la libertad, manteniendo vínculos laborales, familiares y sociales.

Diversos estudios respaldan que los internos que pasan por este tipo de programas presentan menores tasas de reincidencia, lo que refuerza su eficacia dentro del sistema penitenciario moderno.

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