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El segundo narcotúnel de Ceuta, un escándalo que apunta directamente a Marruecos

La Brigada Central de Estupefacientes (Udyco) ha desarticulado una de las mayores redes de distribución de hachís de España tras el descubrimiento de un segundo narcotúnel en Ceuta que conectaba subterráneamente con territorio marroquí. La operación, que se saldó con 27 detenciones —entre ellas los dos cabecillas de la trama—, ha puesto de manifiesto una realidad incómoda para el Gobierno de Pedro Sánchez: el origen de ambos túneles clandestinos estaba en zona militar marroquí, y Rabat sigue sin colaborar de ninguna manera con la justicia española.

El comisario jefe de la Udyco Central, Antonio Martínez Duarte, anunció que con este golpe policial «se ha desarticulado una de las mayores redes de distribución de hachís de España». Sin embargo, la magnitud del operativo no puede ocultar la pregunta que flota en el aire: ¿cómo es posible que toneladas de hachís hayan circulado durante años bajo una zona supuestamente vigilada por el Ejército marroquí sin que nadie en Rabat lo supiera —o quisiera saberlo?

El Ejército marroquí, junto a la entrada de los túneles, y sin explicaciones

El primer narcotúnel, descubierto por la Guardia Civil en 2025 y conocido internamente como el caso de la operación Hades, tenía también su entrada en una zona militar marroquí, concretamente en el área conocida como Arroyo de las Bombas. El segundo, hallado ahora por la Udyco, comparte la misma característica: su desembocadura, próxima al lado marroquí de la valla fronteriza, tiene enfrente una base militar del país alauí.

Que la entrada de ambos túneles esté en zona vigilada por el Ejército de Marruecos no es una casualidad que pueda ignorarse. Para los investigadores españoles, «estaba claro desde el principio». Y para la Guardia Civil, la conclusión es igualmente nítida: «Está todo parado y silenciado. No les conviene remover ese tema; tendrían que cortar muchas cabezas», advirtieron sus fuentes.

Rabat ignora los oficios judiciales y la juez Tardón no obtiene respuesta

La falta de colaboración de Marruecos no es solo una percepción o una sospecha. Es un hecho documentado. La Audiencia Nacional, a través de la juez María Tardón, lleva meses remitiendo oficios a las autoridades marroquíes solicitando información para avanzar en las pesquisas del primer narcotúnel. Marruecos sigue ignorando esas peticiones. Sin excepción.

Lo más llamativo es que los propios medios marroquíes no informaron del primer pasadizo hasta dos meses después de su descubrimiento. Cuando lo hicieron, Alyaoum24.com reconoció que la entrada estaba «en una vivienda situada en una zona considerada como parte de un sector militar». La policía marroquí prometió detener a varios implicados en la construcción del túnel «próximamente». Nunca ocurrió. Nadie ha sido detenido en Marruecos por ninguno de los dos túneles.

La infraestructura: una obra de ingeniería perfectamente diseñada para mover toneladas de droga

El segundo narcotúnel, oculto bajo una nave industrial, era una obra de ingeniería subterránea de una sofisticación inusual. El acceso estaba camuflado detrás de un refrigerador insonorizado de grandes dimensiones. El túnel contaba con tres niveles diferenciados: un pozo de descenso, una cámara intermedia —bautizada internamente como «narcodespensa»— para acumular los fardos, y una línea final hacia Marruecos equipada con un sistema de raíles, vagones, poleas y grúas industriales para mover palets completos de hachís.

El sistema de bombeo e insonorización instalado hacía prácticamente imposible detectarlo desde el exterior. Los fardos se apilaban en la «narcodespensa», se elevaban mediante grúas y se trasladaban en vagones hasta el lado marroquí. Una cadena logística que, según los investigadores, «es similar a la de una mina» y que permitió introducir en España toneladas y toneladas de hachís durante años, exportadas después al resto del continente europeo.

El «narcoarquitecto» y el cabecilla que escapó a la primera operación

Entre los 27 detenidos en esta segunda operación hay dos perfiles especialmente relevantes. Por un lado, el organizador de ambos narcotúneles —el mismo individuo que escapó a la operación Hades contra el primer pasadizo— y que lideraba una organización de distribución de hachís a escala europea. Por otro, el «narcoarquitecto», diseñador técnico de las dos cavidades, cuya captura representa un éxito significativo para las fuerzas de seguridad españolas.

Que el cabecilla hubiera eludido la primera detención hace aún más llamativa su vinculación con ambas infraestructuras. La misma persona organizó los dos túneles, contrató al mismo «narcoarquitecto», y utilizó el mismo corredor militar marroquí. Una constante que difícilmente puede atribuirse al azar.

Cuando la presión policial cerró el túnel, las mafias se adaptaron con lanchas y pesqueros gallegos

La investigación comenzó en febrero de 2025. En agosto de ese mismo año, cuando la presión policial española empezó a interceptar sistemáticamente los alijos de la organización, los cabecillas tomaron una decisión estratégica: cerrar el túnel y diversificar las rutas. Firmaron entonces un acuerdo con redes de La Línea de la Concepción (Cádiz) y de Galicia para transportar la droga mediante lanchas rápidas y pesqueros.

El mayor golpe previo se había producido en junio, cuando los agentes interceptaron en Almería un tráiler con 15.000 kilos de hachís procedente de Nador. Pero la organización había demostrado su capacidad de adaptación. Y esa capacidad de adaptación obliga a preguntarse cuántos cargamentos circularon antes de ser detectados.

La complicidad marroquí, la pregunta que el Gobierno de Sánchez no quiere responder

Todo lo que rodea a estos dos narcotúneles apunta en la misma dirección: Marruecos, como mínimo, miró hacia otro lado mientras toneladas de hachís cruzaban por debajo de sus instalaciones militares hacia España. En el peor de los escenarios —que la Guardia Civil no descarta—, la connivencia podría ser aún más directa.

El Gobierno de Pedro Sánchez, en cambio, ha preferido silenciar esta realidad. La razón es política: Sánchez necesita a Marruecos para contener los flujos migratorios irregulares hacia Ceuta, Melilla y Canarias, y cualquier tensión diplomática con Rabat tiene un coste inmediato en forma de crisis migratoria. Como ha denunciado La Bandera en anteriores informaciones, la dependencia del Ejecutivo de la buena voluntad marroquí ha convertido la lucha contra el narcotráfico en un asunto secundario cada vez que choca con los intereses de la relación bilateral.

Ceuta, en el epicentro de la doble amenaza: narcotráfico e inmigración ilegal

La ciudad autónoma de Ceuta vive desde hace años en el epicentro de una doble amenaza: el narcotráfico y la inmigración ilegal masiva, dos fenómenos que en muchos casos comparten las mismas redes criminales y los mismos corredores geográficos. Ceuta lidera la llegada de inmigración irregular de toda España, y ahora se confirma que también era el principal punto de entrada de uno de los mayores alijos de hachís del continente.

Mientras la Udyco y la Guardia Civil hacen un trabajo impecable con los medios de que disponen, el Gobierno central sigue sin dar a Marruecos las respuestas que la justicia española ha pedido. El silencio de Rabat ante los oficios de la juez Tardón no es una anécdota diplomática. Es un problema de soberanía que el Ejecutivo de Sánchez ha decidido ignorar por razones exclusivamente políticas. VOX ha exigido al Gobierno que presione a Marruecos para que colabore con la justicia española. La respuesta del Ejecutivo ha sido el silencio.

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