La saturación de la red eléctrica y la excesiva burocracia amenazan la llegada de megaproyectos pese a las renovables
España corre el serio riesgo de quedarse fuera de la gran ola inversora en centros de datos que vive el mundo. Las principales constructoras y promotoras tecnológicas planean destinar alrededor de 3 billones de euros (3 trillones) a nivel global en los próximos años para satisfacer la explosiva demanda generada por la inteligencia artificial, el cloud computing y el almacenamiento de datos. Sin embargo, problemas estructurales podrían dejar a nuestro país prácticamente fuera de este reparto.
A pesar de contar con una de las matrices energéticas más favorables de Europa gracias al fuerte impulso de las energías renovables (eólica y solar), España sufre una saturación crítica de su red eléctrica. Las compañías que planean construir estos gigantescos centros de datos —que consumen cantidades ingentes de electricidad de forma constante— se encuentran con enormes dificultades para obtener conexión a la red en plazos razonables.
Falta de planificación en España
Según fuentes del sector recogidas por ABC, la excesiva regulación, los lentos trámites administrativos y la falta de planificación a medio y largo plazo por parte de las autoridades de España están generando un fuerte recelo entre los inversores internacionales. Países como Alemania, Países Bajos, Francia o incluso Portugal y Grecia están posicionándose con mayor agilidad para captar parte de estas inversiones.
Los centros de datos se han convertido en uno de los activos más estratégicos del siglo XXI. Un solo proyecto de gran tamaño puede suponer cientos de millones de euros en construcción, miles de empleos directos e indirectos durante su desarrollo y un importante efecto tractor sobre la economía local. Además, generan ingresos fiscales elevados y posicionan al país como hub tecnológico.
Oportunidad histórica que se desvanece
Expertos consultados advierten de que, si no se toman medidas urgentes —como agilizar los procedimientos de conexión, reforzar las infraestructuras de transporte eléctrico y establecer un marco regulatorio más predecible—, España podría ver cómo una oportunidad histórica se desvanece.
Florentino Pérez y Criteria ya han mostrado interés en este sector con inyecciones millonarias, pero se necesitan señales claras desde el Gobierno para atraer a los grandes fondos internacionales.
El tiempo apremia. Mientras Europa compite por posicionarse en la nueva carrera digital, España debe decidir si quiere ser protagonista o simple espectadora de la mayor inversión en infraestructuras tecnológicas de las próximas décadas.













