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Funcionarios del Ministerio de Sanidad cargan contra la “pésima” gestión de Mónica García ante el hantavirus

Acusan a la ultraizquierdista de improvisar y de poner en riesgo la reputación del sistema sanitario español: Sanidad se rebela contra su gestión

El Ministerio de Sanidad se encuentra en ebullición ante la crisis desatada por la llegada al crucero MV Hondius y el traslado de 14 afectados por hantavirus al Hospital Militar Gómez Ulla en Madrid. Fuentes del departamento aseguran a VozPópuli un malestar creciente con la ministra Mónica García, cuya actuación durante las últimas 48 horas han tildado de “descoordinada” y “poco transparente”.

Trabajadores del Ministerio sostienen que García ha dado “bandazos” en la toma de decisiones, primero aceptando la petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para acoger a los enfermos procedentes de Cabo Verde. Y, después, intentando justificar una gestión que, en su opinión, ha puesto en jaque la imagen de la Sanidad española. Algunos funcionarios, sin relación orgánica con Más Madrid, han llegado a afirmar, en conversación con Vozpópuli, que “le viene gigante y nos está hundiendo la reputación”.

Un caos de ministra

La crisis en Sanidad coincide además con un momento especialmente delicado para la ministra: una huelga médica indefinida, un pulso interno en Más Madrid y su anunciada vuelta a la política madrileña a un año de las elecciones autonómicas. Varias consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas denuncian que apenas han recibido información desde el Ministerio, y al menos un mensaje de WhatsApp figura como la única comunicación formal de la titular del departamento desde que estalló el problema.

En el entorno más cercano a García admiten que la presión de la OMS ha sido clave: la ministra forma parte del Consejo Ejecutivo de la organización desde mayo de 2025, y el Gobierno no ha querido romper un vínculo que considera estratégico.

Quedar bien ante la OMS

Sin embargo, esa misma lógica está siendo criticada desde el seno del Ministerio de Sanidad, donde se teme que la necesidad de quedar bien ante la OMS haya primado sobre la coordinación real con las comunidades y sobre la seguridad jurídica en la elección del hospital militar como destino final de los pacientes.

Mientras el PP exige que el Ejecutivo aparte a Mónica García de la gestión de la crisis por su “incapacidad”, el Gobierno se esfuerza por blindarla a la vez que toma el control de la comunicación. Pero el desgaste interno y la percepción de falta de liderazgo arrojan una sombra cada vez más larga sobre la figura de la ministra, que, en plena batalla política en Madrid, ve cómo una crisis sanitaria amenaza con convertirse en un revés personal y territorial.

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