Grupos de hasta 60 animales se alimentan de las cosechas de Hoya de Alcoy y representan un peligro para la seguridad vial en la zona
El ecologismo ideológico oficial convierte la fauna en plagas. Manadas de hasta sesenta muflones se alimentan de las cosechas de la región alicantina de Hoya de Alcoy, lo que provoca, además de grandes pérdidas económicas a los agricultores, el incremento del peligro en la seguridad vial de la zona, porque cruzan sin control las carreteras para entrar en los cultivos
Los agricultores de localidades como Banyeres de Mariola reportan daños constantes en sus cosechas y alertan que la situación ha llegado a ser inaguantable, con animales que ya no tienen miedo de acercarse a terrenos agrícolas o carreteras.
Escasea el alimento en su hábitat por la sobrepoblación
Profesionales afectados explican que los muflones prefieren alimentarse de hierba fresca y brotes de primavera, por lo que entran directamente en parcelas cultivadas, se comen los brotes tiernos y destruyen el esfuerzo de varios meses. Además, el peligro de su presencia en las carreteras es un factor preocupante, ya que cruzan sin control.
Ante esta problemática, organizaciones agrícolas como ASAJA Alicante han señalado el creciente impacto de la fauna salvaje sobre los cultivos, indicando que especies como muflones, jabalíes y arruís están poniendo en riesgo la sostenibilidad de muchas explotaciones.
ASAJA Alicante recoge en sus informes que el aumento descontrolado de la fauna salvaje está generando pérdidas económicas tanto directas como indirectas, desde la destrucción de sembrados hasta daños en infraestructuras agrícolas.
Imposible una solución temporal, porque vuelven una y otra vez
Uno de los afectados explicó en À Punt que siempre tienen entre 40 y 60 muflones comiendo sin parar en el campo, todos los días. También intentan ahuyentarlos con cazadores, pero regresan a alimentarse. El citado agricultor advierte que, si la Administración no les provee de alimento para evitar que bajen a las tierras cultivadas, estarán allí continuamente.
Esta persistencia convierte cualquier esfuerzo de control en una solución temporal y limitada. Jara y Sedal recoge críticas de los agricultores a una legislación que les impide actuar con rapidez: suelen depender de cazadores del área, pero los permisos y la burocracia retrasan cualquier intervención efectiva.












