El escandaloso motín ciudadano forjado en pleno corazón de Madrid contra el Estado de Derecho empieza a tener, por fin, respuestas contundentes que rompen la insoportable y equidistante tibieza mediática imperante del «buenismo». Inma Sanz, teniente de alcalde en el consitorio municipal de la capital, ha salido implacablemente al paso del victimismo podemita para exigir sensatez y lealtad tras el caótico tumulto provocado el pasado fin de semana durante el arresto e insumisión protagonizada groseramente por el exdiputado morado, Serigne Mbaye.
Sanz es tajante demoliendo los ridículos lamentos artificiales sobre ‘racismo institucional’ emitidos desde filas de Podemos. «La ley es para todos y no es distinta para los exdiputados», aseveró esgrimiendo el más elocuente dictado de autoridad; reclamando por derecho y con urgencia indiscutible al Ministerio del Interior un apoyo público y absoluto sin fisuras para restablecer el orden sobre nuestras tropas.
El intolerable silencio sanchista ante cinco agentes contusionados bajo las piedras en Vallecas
Refleja bien la situación el digital Demócrata al recoger la enorme y legítima rabia de aquellos gestores municipales en Madrid observando cómo el infractor, en este caso apoyado en la calle, increpó desobediente, amotinó vecinos contra la autoridad con gritos y desafió gravemente los protocolos originando serios problemas orgánicos y cinco policías nacionales magullados sin ningún amparo directo ni contundencia moral por parte del propio Ministerio del puzle.
Mientras nuestros agentes sangran intentando cumplir un triste mandato disuasorio rutinario por control sospechoso, observamos que Moncloa prefiere omitir la condena por terror institucional a ofender al socio independentista y populista extremista. Exactamente y en su idéntico calco doloroso al comprobar hoy de qué manera sangrante el pib per capita en nuestra espana malherida cae asfixiado a estancamientos crónicos y perversos porque sencillamente aquellos que exigen nuestros avales fiscales evaden, precisamente, aplicar todo correctivo severo sobre toda ilegalidad callejera asumiendo resignado y entregado tal deterioro social progresivo en ciernes.
Madrid como dique heroico final de contención cívica y constitucionalista firme
La defensa ejercida e incontestable desde el Ayuntamiento evidencia al menos que la razón sobrevive acosada tras esa línea fina en Cibeles. No debe ni puede bajo ningún precepto asumirse una bicefalia donde la delincuencia de origen extranjero o la rebeldía ciudadana alentada y apadrinada desde asientos institucionales morados se imponga contra un patrullero a cara descubierta esgrimiendo falsas caretas de «abuso y opresión» amansando sentencias en España.
Ningún expolítico podemita nacido en senegalés debe arrogarse por decreto prebendas por encima de ese carnet ni de un requerimiento estricto policial formal para filiación. La pasividad nacional alarga y empuja estos brotes agresores en calles sumisas.
Mano dura incuestionable tras asaltos al cuerpo funcionarial en 2026
Este reproche descarnado de Inma Sanz se torna una bocanada de alivio en las asfixiadas agrupaciones laborales y sindicatos JUPOL y SUP a nivel local. O el Estado recupera por sí la plena y temerosa autoridad disuasoria contra exaltados asamblearios por mucha tribuna o parlamento pasado que gocen a espaldas, o Madrid será pronto esclava de zonas opacas como París o un calco sueco invivible. La ley nunca lloriquea ni claudica: multa, encierra y disuade. Punto final de la discusión inane progresista.












