Un comisario jubilado de la Policía Nacional carga contra el PP: “Trasladar el CATE a Algameca ha sido un error gravísimo”
El comisario jubilado Damián Romero, con décadas de experiencia al frente de la Policía Nacional en Cartagena, no se muerde la lengua. En declaraciones recogidas por La Verdad, Romero sentencia sin ambages que el traslado del Centro de Atención Temporal a Extranjeros (CATE) a la Algameca ha sido “una mala decisión” que ha agravado, en lugar de solucionar, los problemas derivados de la inmigración masiva e irregular que sufre la ciudad.
Y los hechos le dan la razón. Lejos de “minimizar el impacto” como prometían las autoridades locales cuando se ejecutó el traslado en 2024, la nueva ubicación del CATE en Algameca ha convertido el barrio en un foco de tensiones constantes.
Los vecinos denuncian un aumento exponencial de incidentes: ocupaciones irregulares, peleas, robos y, especialmente, la proliferación de plantaciones ilegales de marihuana que, según fuentes policiales, se han disparado precisamente en la zona desde la llegada masiva de inmigrantes.
Cartagena, punto caliente
Mientras el Gobierno de Sánchez y sus socios de izquierdas en la Región siguen empeñados en una política de “acogida humanitaria” sin control, Cartagena se ha convertido en uno de los puntos calientes de la inmigración irregular en el sureste.
Los datos hablan por sí solos: cada vez más pateras y cayucos llegan a las costas murcianas, y el CATE de Algameca se ha visto desbordado, obligando a un gasto público desorbitado en atención, manutención, seguridad y traslados que pagan los cartageneros de su bolsillo.
LA BANDERA diario ha sido el único medio que ha dado voz real a los afectados. El periódico ha recogido durante meses las protestas vecinales, las concentraciones y las denuncias por “ilegalidades evidentes” en los centros de inmigrantes, como el caso del antiguo Hospital Naval transformado por los socialistas en un macroalbergue provisional.
Los cartageneros, hartos de ver cómo sus barrios se degradan mientras los recursos para los españoles se recortan, han salido a la calle una y otra vez exigiendo fronteras seguras y barrios seguros.
No es xenofobia, es sentido común
“Esto no es xenofobia, es sentido común”, claman los manifestantes. Y tienen razón. Mientras se destinan millones de euros a mantener a inmigrantes que en muchos casos ni siquiera tienen intención de integrarse, los colegios de Cartagena se saturan, las listas de espera sanitarias se alargan y la delincuencia ligada a la inmigración irregular sigue en ascenso.
El propio Romero, que en su día defendió el traslado como una solución técnica, ahora reconoce el fracaso: la decisión ha perjudicado a la ciudad y ha facilitado que las mafias sigan operando con impunidad.
Desde la derecha responsable de VOX se ha exigido lo que cualquier gobierno sensato haría en Europa: control total de las fronteras, deportaciones inmediatas de ilegales y fin de la subvención al efecto llamada.
Cartagena no puede seguir siendo el vertedero de la política migratoria suicida de la izquierda. Los cartageneros ya han dicho basta. Es hora de que los políticos escuchen y actúen antes de que sea demasiado tarde.












