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La Audiencia de Vizcaya condena a 12 años a una pareja por los abusos sexuales a la hija de la mujer

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El hombre contagió una enfermedad venérea a la niña de 10 años, y la madre conocía los abusos ‘los consentía y no hizo nada por impedirlos’

La Audiencia Provincial de Vizcaya ha condenado a un hombre y a su pareja a 12 años de prisión por abusar sexualmente de la hija de 10 años de ella, él como autor, y la mujer como cooperadora necesaria.

El tribunal declara probado que, entre febrero de 2021 y mayo de 2022, el procesado, para “satisfacer sus deseos libidinosos” aprovechándose de ser pareja de la madre y “padre de hecho” de la niña, mantuvo relaciones sexuales con ella “en numerosas ocasiones.

El sujeto perpetró el crimen en la vivienda familiar, y la sentencia incide en que la madre de la niña conocía “perfectamente” lo que hacía su pareja y que “lejos de denunciar los hechos y de tratar de poner fin a tales comportamientos” los “consentía”.

La Audiencia de Vizcaya también señala que la menor “acudió a su madre para que la protegiera” y que la respuesta de su madre fue que “las cosas de casa no se cuentan, se quedan en casa”.

De esta manera, la madre “consiguió que los hechos no salieran del ámbito familiar y posibilitó, con su pasividad y omisión de cualquier actuación tendente a impedirlo, que el otro acusado pudiera continuar con su ilícito proceder”, afirma el tribunal.

El criminal contagió una enfermedad venérea a la niña

El tribunal precisa “abrumadores elementos de corroboración periférica” del testimonio de la niña, entre ellos un informe pericial que “acredita que el acusado contagió” a la víctima “la enfermedad de transmisión sexual que se le detectó”.

Esto “corrobora de manera científica la verosimilitud del relato de la menor”, destacó el tribunal.

La Audiencia de Vizcaya señala que la madre fue cooperadora necesaria

La Audiencia de Vizcaya condena a 12 años de cárcel a cada uno de los acusados: el hombre como autor de un delito continuado de abuso sexual con acceso carnal a menor de 16 años, y la mujer como cooperadora necesaria.

La sentencia argumenta que se decidió de fijar la máxima pena establecida para el delito cometido (que va de 8 a 12 años) en base a la gravedad de sus conductas y sus “nefastas consecuencias” sobre la menor.

El tribunal explica que el hecho de que la madre haya conocido y no haya “ejecutado ninguna acción para evitar el continuado ataque a la libertad sexual de su hija, traspasa los límites del ilícito penal de omisión de deber de impedir determinados delitos”.

En consecuencia, “la convierte en partícipe del delito enjuiciado en concepto de cooperadora necesaria en la comisión del mismo por omisión”.

El tribunal de Vizcaya señala que el daño de la madre fue superior, porque la niña la quería

Además, la sentencia señala que la mujer “con su cooperación asumió la realización de los variados actos que ejecutó su pareja” y el daño causado a la menor “es en cierto modo superior” porque la niña “sí quiere a su madre y no comprende que no la haya ayudado”.

El tribunal fija que ambos indemnicen de manera solidaria a la menor con 30.000 euros y la prohibición de que durante 20 años se comuniquen y se acerquen a ella a menos de 500 metros.

También se establece una medida de libertad vigilada y a la madre se le priva de la patria potestad hasta que la niña alcance la mayoría de edad.

Los condenados acusaron a la niña de querer vengarse

El tribunal concluyó -tras las declaraciones de acusados, testigos y peritos-, de que el testimonio de la niña no es fabulado, ni falso ni responde a móviles espurios como mantuvieron el abusador y su colaboradora en el juicio.

Según los condenados, la pequeña tenía “el móvil espurio de la venganza provocada por la supuesta rigidez educativa de ambos acusados hacia ella”.

Sin embargo, el tribunal no acreditó “de modo alguno esa disciplina educacional”, ni “que fuera una niña problemática, ni rebelde”. Bien al contrario, resaltó la “coherencia interna” del relato de la niña sobre los actos sexuales que el procesado la obligó a realizar.

La niña “No describe situaciones ilógicas o de imposible acaecimiento físico y material” y su testimonio sobre dónde y cuándo sucedían los hechos es “muy claro y preciso”, añade el tribunal, que también destaca la ausencia de “fisuras y de contradicciones” en su relato.

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