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La guerra contra Irán entra en su segundo mes con una posible invasión inminente y el control del petróleo mundial

Teherán refuerza su Guardia Revolucionaria y acusa a Washington de ganar tiempo con la diplomacia; los aliados iraníes abren nuevos frentes

El conflicto iniciado hace exactamente un mes entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en una fase de alta incertidumbre. Lo que comenzó como una operación quirúrgica contra infraestructuras nucleares y militares iraníes se ha convertido en una guerra regional de desgaste con implicaciones globales.

Según fuentes diplomáticas y analistas consultados por EL MUNDO y ABC, la próxima semana será decisiva: podrían intensificarse los preparativos para una posible operación terrestre estadounidense en Irán o, por el contrario, abrirse una ventana de negociación real antes de que el precio del petróleo se dispare aún más.

2.500 marines de EEUU

Este domingo, los ministros de Exteriores de Arabia Saudí, Turquía, Egipto y Pakistán se reunieron de urgencia en Islamabad para intentar rebajar la tensión. Sin embargo, Irán rechazó de plano la iniciativa. El presidente del Parlamento iraní, Mohamed Bagher Ghalibaf, acusó directamente a Donald Trump de “usar la diplomacia para ganar tiempo antes de la operación terrestre” que, según Teherán, ya se prepara en secreto. La llegada al Golfo de 2.500 marines estadounidenses durante el fin de semana no ha hecho sino alimentar estas sospechas.

Mientras, la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ha consolidado su poder interno como nunca. Ante los ataques iniciales que alcanzaron al anterior Líder Supremo y altos mandos, Teherán activó una estrategia “mosaico” de cadena de mando descentralizada: unidades militares actúan con instrucciones previas y cuentan con hasta cuatro sucesores designados por cargo.

La Guardia Revolucionaria ya es el Estado de Irán

El resultado es que la IRGC ya no es solo un brazo armado, sino “el Estado mismo”, según el analista Ali Vaez del International Crisis Group. La teocracia se está transformando en un régimen militarizado con control total sobre política, economía y defensa.

En el terreno, los aliados de Irán han abierto nuevos frentes. Los hutíes lanzaron este sábado un misil balístico contra Israel —el primero desde el inicio de la guerra— y amenazan con cerrar el estrecho de Bab el Mandeb.

Teherán, por su parte, mantiene “control total” sobre el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. El tráfico ya se ha reducido drásticamente y solo fluye hacia quienes pagan en yuanes chinos.

Ofensiva terrestre

Trump ha repetido en al menos doce ocasiones que “Estados Unidos ha ganado la guerra”, pero en privado admite que “nadie sabe con quién hablar” en Teherán, donde el nuevo líder Mojtaba Jamenei permanece invisible.

La próxima semana se espera que Washington decida si apuesta por una ofensiva terrestre para desbloquear Ormuz o si acepta mediaciones indirectas a través de Omán y Qatar. Cualquier movimiento militar adicional podría disparar el barril de Brent por encima de los 120 dólares y provocar una recesión global.

Mientras, la IRGC sigue ganando terreno interno y los frentes proxy se multiplican. La guerra contra Irán ya no es solo un duelo entre potencias: es un tablero regional en llamas cuyas consecuencias económicas y estratégicas se sentirán en todo el planeta en los próximos siete días.

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