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La izquierda woke culpa a Michael Jackson del fracaso de ‘Sidosa’

La recaudación de ‘Sidosa’ apenas supera los 3.000 euros, una cifra tan simbólica como el interés que ha despertado entre el público

La última apuesta del cine subvencionado patrio ha logrado lo que parecía imposible: pasar completamente desapercibida incluso entre su propio círculo. ‘Sidosa’, la nueva película impulsada por Eduardo Casanova, ha cerrado su paso por taquilla con una recaudación que apenas supera los 3.000 euros, una cifra tan simbólica como el interés que ha despertado entre el público… y, según comentan con sorna en redes, incluso entre quienes participaron en ella.

El proyecto, que aspiraba a convertirse en referente cultural de la nueva ola progresista, ha terminado convertido en un fenómeno inverso: cuanto más ruido mediático intentaba generar, menos espectadores lograba atraer a las salas. Ni campañas en redes, ni el habitual respaldo institucional, ni el eco en determinados círculos culturales han conseguido evitar un desenlace que muchos ya califican de “estrepitoso”.

Menos visionados que un video doméstico

Fuentes cercanas al sector ironizan con que la película ha tenido menos visionados que un vídeo doméstico sin editar, y que ni siquiera los familiares del equipo han hecho el esfuerzo de pasar por taquilla. Una exageración, claro, pero que refleja el desconcierto general ante un fracaso tan rotundo.

Mientras tanto, desde ciertos sectores de la izquierda cultural se buscan explicaciones que esquiven la autocrítica. En un giro casi surrealista, algunos comentarios en clave humorística han llegado a señalar —sin aportar demasiado más— que el problema podría estar en el “contexto cultural global”, con menciones tan improbables como Michael Jackson, convertido así en inesperado chivo expiatorio del descalabro.

Más allá de las bromas, lo cierto es que ‘Sidosa’ se suma a una lista creciente de producciones que, pese a contar con respaldo mediático e institucional, no logran conectar con el público. Una desconexión que empieza a ser difícil de disimular y que plantea preguntas incómodas sobre el modelo de financiación y el criterio cultural dominante.

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