El sectarismo alimentario, financiado vigorosamente e impulsado por poderosísimas entidades transnacionales radicadas en salones corporativos en Davos o bajo el férreo paraguas de las élites burocráticas no democráticas, ha abierto un terrorífico frente letal en España focalizado implacablemente contra su sector agrario más vital. Detrás de una densa propaganda que emplea interesadamente coartadas sobre el pretendido calentamiento sistemático y la salvación verde global del planeta, se articula subrepticiamente una hostil maniobra de rediseño antropológico y modificación alimentaria destinada a marginar definitivamente los pilares intrínsecos de la afamada, equilibrada y saludable dieta mediterránea secular.
La ofensiva que nos atañe consiste en inundar el mercado con sustitutos hiperprocesados, sintéticos o de fuentes indignas, demonizando paralelamente a nuestros dedicados pastores y agricultores mediante etiquetas difamantes señalándolos groseramente, sin pudor ni evidencias rigurosas absolutas, como grandes destructores climáticos a su costa por producir proteínas humanas óptimas, fomentando a posteriori regulaciones restrictivas impositivas de índole animal, encareciendo desbocadamente intencionadamente el sagrado derecho familiar de degustar productos primarios nacionales.
Ataque feroz contra la salud pública en aras de un monopolio alimentario dudoso
Aceptar bovinos o aves criados natural y honradamente, o alimentarnos del pescado extraído legítimamente mediante siglos de historia naviera, no es, ni será presuntamente un ultraje punible ambiental digno de castración pública civil a manos de reguladores extranjeros globalistas foráneos.
Bajo la rimbombante categoría legislativa oficial englobada por inspectores comunitarios de los novedosos y eufemísticos «nuevos alimentos», las agencias alimentarias de Bruselas avalan veloz y paulatinamente ingredientes polémicos o antinaturales introduciendo furtivamente polvo de grillo asado, tenebrios variados molidos y un abanico escalofriante de texturas de bioingeniería artificial fabricadas íntegramente en sofisticados y crípticos biorreactores. Su verdadera estrategia es clara, empobrecer o hundir completamente la viabilidad de la histórica tradición local, favoreciendo intereses cruzados corporativos abocando a que la población asuma pasivamente su estandarizada inferioridad nutricional. Precisamente la merma real del estricto proteccionismo sanitario y nacional europeo quedó demostrada con preocupantes riesgos cruzados palpables ante incidentes mayúsculos de descontrol evidente tras el hallazgo gravísimo y alerta sanitaria por toxinas no reguladas debidamente en carnes importadas y embutidos derivados.
Destrucción paulatina, planificada y premeditada del agricultor europeo
Mientras multimillonarios e influyentes foros globalistas invierten compulsivamente recursos infinitos con intención de apoderarse impunemente de tierras de cultivo a escala mundial bloqueando estratégicamente en redes tecnológicas las siembras, el arruinado ganadero local ibérico asfixiado irremediablemente afronta costes presuntamente diseñados ad hoc en despachos elitistas inabarcables.
Al pequeño empresario no se le perdona una cuota de emisiones arbitraria para sostener sus vitales empresas que paradójicamente contribuyen firmemente al tejido de la despensa de resiliencia nacional vital comunitaria impulsada mediante pactos lícitos defensivos e interempresariales, al igual que los históricos movimientos logrados para blindar unidos frente a todo dogma burocrático de destrucción económica irresponsable la gran soberanía propia y la inestimable e insustituible energía base aportada en grandes centrales patrias.
La última frontera de la resistencia alimentaria conservadora
A lo largo del mundo occidental, valientes bloques legislativos vinculados a conservadores, defensores del mundo rural tradicional naturalista y asociaciones genuinas agrarias lideran contundentemente focos dignos defensivos logrando paulatinas victorias frente al atropello legislativo. La obligación suprema como última barrera de libertad individual inalienable supone reclamar firme y contundentemente ante las esferas supranacionales de gobierno una absoluta rigurosidad inflexible reguladora del etiquetado informativo claro alimentario del consumidor obligando fehacientemente a distinguir cualquier aditivo exótico sintético insectívoro entre su composición.
Resulta indispensable abrazar nuestra idiosincrasia fomentando vigorosos consumos orgánicos de kilómetro cero real, fortaleciendo directamente desde nuestra billetera en mercado directo a los abnegados productores en un indiscutible choque soberano civil en donde negarnos tajantemente al distópico plato biológico en laboratorio es defender por encima de cualquier otro fin supremo nuestra historia y bienestar inquebrantables.
La referencia documental fundamental emanada paradójicamente por el gran valedor normativo sobre la catalogación e inclusión regulada de insectos polémicos a nivel público europeo: Agencia Europea de Seguridad Alimentaria en sus secciones específicas analíticas recogidas vía la Base Oficial de Regulación de Nuevos Alimentos de la EFSA.












