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La sobrepoblación de jabalíes y conejos destroza el campo y evidencia la dejadez política

ASAJA exige medidas urgentes ante daños millonarios que amenazan la supervivencia de las explotaciones agrarias

Daños millonarios y accidentes que nadie frena. La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores, ASAJA, alerta de que la sobrepoblación de especies como el conejo y el jabalí agrava cada vez más los perjuicios en las explotaciones agrícolas españolas. La organización lleva años denunciando esta situación, pero las soluciones efectivas siguen sin llegar con la rapidez que el sector necesita.

Los números resultan alarmantes. Según datos de la Fundación Artemisan, en 2024 la fauna silvestre dañó más de 26.000 hectáreas y generó pérdidas económicas que alcanzaron 1,8 millones de euros. A estos costes se suman más de 15.000 accidentes de tráfico provocados por jabalíes.

Jabalíes descontrolados y un relevo generacional en riesgo

El jabalí representa un caso especialmente preocupante. Sus poblaciones se han multiplicado hasta un 550 % en las últimas décadas, alcanzando cerca de dos millones de ejemplares. Esta explosión demográfica causa daños directos en cultivos, riesgos sanitarios y amenazas constantes para la seguridad vial.

ASAJA reclama desde hace tiempo medidas urgentes que permitan controlar estas poblaciones y garantizar la viabilidad económica de las explotaciones. La organización respalda una gestión más activa y flexible de la caza, postura que comparte con la Fundación Artemisan.

Los conejos disminuyen en el monte y se cocentran en áreas agrícolas

La Fundación Artemisan y WWF coinciden en calificar el problema como complejo, aunque con impactos muy reales sobre el terreno. En el caso del conejo, WWF describe una situación “paradójica”: mientras sus poblaciones disminuyen en zonas de monte, se concentran en áreas agrícolas y provocan graves perjuicios a los agricultores.

Este desequilibrio surge de la transformación del territorio, con modelos agrícolas más intensivos, la expansión del regadío y el aumento de infraestructuras que actúan como refugios para estas especies y complican su control.

Por su parte, WWF apuesta por actuaciones estructurales a largo plazo, como la mejora de hábitats o cambios en las políticas agrarias, lo que confirma la ausencia de una solución única.

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