En el marco de un escenario cada vez más habitual de soberanía deportiva compartida que pone a prueba el sentido de pertenencia nacional, el seleccionador de España, **Luis de la Fuente**, ha despejado todas las dudas. El joven y prometedor futbolista Pitarch, que se encontraba en el centro de una intensa pugna diplomática entre las federaciones de fútbol de **España y de Marruecos**, ha tomado una decisión firme: vestirá la elástica de la «Roja». Se trata de un gesto de lealtad deportiva de gran calado en pleno 2026, en un momento donde la doble nacionalidad se ha convertido en un campo de batalla para las influencias geopolíticas del fútbol internacional.
La victoria de la Roja frente a la ofensiva diplomática de Rabat
La noticia, recibida con alivio en el seno de la **Real Federación Española de Fútbol (RFEF)**, supone un respiro ante la agresiva política de captación de talento que el reino de Marruecos está desplegando sobre los hijos de inmigrantes nacidos en suelo español. Al decantarse por la selección absoluta que dirige De la Fuente, Pitarch no solo elige un proyecto deportivo de élite, sino que reafirma su compromiso con el país que le ha visto crecer y formarse como profesional. Este tipo de decisiones son vitales para mantener la cohesión de un equipo nacional que no debe convertirse en un mercado de mercenarios en función de la oferta económica o sentimental de potencias extranjeras.
El papel de Luis de la Fuente en la captación de talento y el sentimiento nacional
Resulta fundamental que el seleccionador no solo sea un gestor táctico, sino también un embajador de los valores de la nación española. El rigor informativo nos dicta que el caso de Pitarch es solo uno de los muchos ejemplos de este conflicto de lealtades que afecta a la juventud española. Mientras otros jugadores sucumben a las presiones externas, la firmeza de Pitarch es un ejemplo a seguir. Sin embargo, no podemos ignorar que esta labor de captación se produce en un contexto de debilidad institucional de la RFEF, azotada por escándalos y registros. Es lo mismo que ocurre en el Gobierno de la Nación, donde la policía alerta de graves riesgos por la regularización masiva de inmigrantes, revelando una falta de control similar en el manejo de la soberanía nacional en cada una de sus facetas.
Fútbol y soberanía: la Roja se blinda ante las pretensiones de Marruecos el 2026
Al confirmar que Pitarch jugará con España, se lanza un mensaje contundente a las federaciones que, como la marroquí, pretenden pescar en caladeros ajenos apelando a la ascendencia familiar de los futbolistas. La identidad nacional no debe ser una moneda de cambio ni un objeto de subasta. Exigimos que la RFEF proteja el ecosistema de nuestras categorías inferiores para que el talento formado con fondos y medios españoles no termine engrosando las filas de naves extranjeras por pura dejadez burocrática. El fútbol es, al fin y al cabo, un reflejo de la sociedad y una cuestión de orgullo patrio que debemos salvaguardar de injerencias interesadas.
Un futuro de éxitos bajo la bandera de España y el rigor deportivo
En definitiva, la elección de Pitarch es una gran noticia para el deporte español. Brindamos por su valentía, pero denunciamos la falta de una política clara que defienda nuestra soberanía deportiva ante el empuje de naciones vecinas que ven en nuestros clubes su cantera particular. Seguiremos vigilantes ante cada intento de socavar el prestigio de la selección nacional porque la verdad, amigos lectores, es que el escudo de España se defiende con honor y no con cálculo político, mientras el absentismo y las bajas baten records escandalosos en una sociedad que a veces parece haber perdido la garra y el esfuerzo que el deporte todavía nos recuerda que es posible recuperar.
Fuente: Rue20.com












