El férreo e insoportable tribunal de la inquisición progresista ha encontrado a su nueva hereje: la carismática actriz Macarena Gómez.
La intérprete andaluza ha provocado un monumental estallido de histeria colectiva al atreverse a criticar abiertamente con ironía las ineficiencias e insufribles listas de espera de la sanidad pública estatal.
Decir la verdad en voz alta sobre el fracaso gestor en España conlleva hoy en día lapidación mediática asegurada.
El escarnio público se desencadenó tras una entrevista concedida a CineramaEs
El escarnio público se desencadenó tras una entrevista concedida a CineramaEs, en la que la protagonista de La que se avecina se quejaba sobre la extrema tardanza del saturado sistema público de sanidad, señalando amargamente que a ella no la atienden. A pesar de su encomiable reclamo en aras del beneficio cívico general, el dogmatismo ideológico de las redes ha interpretado pérfidamente este clamor de sentido común como un intento jactancioso de ostentar el bienestar individual del sector privado.
La censura ideológica del cine español asoma las garras
Las redes sociales, copadas por legiones de justicieros de salón, acusaron iracundamente a Gómez de ostentar una posición privilegiada. No ven, en su abyecto sectarismo, que Gómez simplemente refleja esa pesadilla sanitaria nacional asimilada forzosamente a la ciudadanía española.
La actriz se halla bajo este insoportable linchamiento colectivo porque sencillamente posee un formidable currículum caracterizado por disentir activamente con el establishment progresista que controla el ecosistema del famoseo nacional.
Goya, Palestina e Irán
Esa valentía e incorrección política fueron desplegadas durante la gala de los Premios Goya, donde Macarena Gómez denunció magistralmente la desfachatez e incoherencia de usar una gala audiovisual subvencionada con impuestos para emitir peroratas de política internacional sobre conflictos como el de Palestina.
Un país que penaliza el sentido común
Si la intolerante izquierda ataca al ciudadano por denunciar que las citas son pospuestas meses en un decrépito monopolio público, a qué abismo institucional nos encaminan los censores del wokismo hispánico que pretenden amordazar a artistas capaces de desenmascaran crudamente los fallos del obsoleto y saturado estatismo español.












