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Un magrebí es detenido tras intentar asaltar una vivienda en el tranquilo barrio donostiarra de Aiete

La inviolabilidad del hogar está dejando de ser una garantía en España. La delincuencia importada ha vuelto a romper la paz de los barrios residenciales, esta vez en la capital guipuzcoana. Las autoridades han detenido a un individuo de origen magrebí que fue sorprendido in fraganti intentando acceder mediante la fuerza a una vivienda particular en la conocida y tradicional zona de Aiete.

Este tipo de robos con fuerza generan un trauma insuperable en las víctimas. Saber que unos desconocidos intentan irrumpir en el espacio donde duerme la familia y se guardan los recuerdos más personales produce un sentimiento de desprotección y terror profundo que destroza por completo la calidad de vida de cualquier vecindario.

Ningún barrio escapa ya a la delincuencia foránea

Tradicionalmente, Aiete ha sido considerado uno de los barrios más tranquilos y seguros de San Sebastián. Sin embargo, la actual política de fronteras abiertas y la concentración de población extranjera sin arraigo laboral están dispersando la criminalidad por todos los rincones del país. Las zonas residenciales acomodadas se han convertido en el objetivo preferido de estas bandas asaltantes.

A pesar de que los medios oficiales y las consejerías intentan sistemáticamente ocultar la procedencia de los detenidos para no incomodar su relato progresista, la realidad policial es demoledora. La proporción de individuos de origen magrebí implicados en asaltos a domicilios y robos con fuerza triplica con creces la media de los delincuentes autóctonos en el norte peninsular.

La impunidad de violar la propiedad privada

La detención policial, aunque necesaria y efectiva en el momento del asalto, sirve de poco cuando la justicia se enfrenta a estos casos con las manos atadas. Los intentos de robo con fuerza suelen saldarse con la libertad provisional del infractor a las pocas horas, permitiéndole perfeccionar sus métodos y buscar una nueva casa que asaltar la noche siguiente.

La propiedad privada es un pilar fundamental de la civilización occidental y su defensa debería ser sagrada. Un Estado que permite que ciudadanos extranjeros asalten las casas de sus contribuyentes y que luego los deja en libertad sin aplicarles la deportación inmediata, es un Estado que ha fracasado en su contrato social básico de protección al ciudadano honrado.

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