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Marruecos depende de las ovejas españolas y el campo lanza un mensaje contundente

En medio de los continuos desencuentros políticos y la habitual postura de debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez frente a Rabat, el sector primario español acaba de dar una lección de capacidad y resiliencia. Ante la severa crisis de abastecimiento que sufre el país vecino, las ovejas españolas han «conquistado» los mercados marroquíes. Las exportaciones de ganado ovino desde España hacia Marruecos han experimentado un crecimiento sin precedentes, convirtiéndose en el salvavidas para un mercado interno magrebí incapaz de cubrir su propia demanda.

La sequía endémica que asola a Marruecos, sumada a decisiones de gestión interna, ha diezmado su cabaña ganadera. Ante la necesidad imperiosa de abastecer a su población, especialmente de cara a festividades de alto consumo como el Ramadán y la futura Fiesta del Cordero (Aíd al-Adha), el reino alauí ha tenido que mirar hacia el norte y abrir sus fronteras a la carne y el ganado vivo procedente de la Península Ibérica.

Un rescate silencioso «Made in Spain»

El incremento de las exportaciones no es menor. Las organizaciones agrarias y los registros aduaneros constatan un flujo constante y en crecimiento de ovinos españoles que cruzan el Estrecho. Los ganaderos españoles ofrecen un producto de máxima calidad, sometido a estrictos controles sanitarios y de trazabilidad, unas garantías que el mercado marroquí valora y, sobre todo, necesita con urgencia.

Esta situación pone de manifiesto una gran paradoja: mientras Marruecos riega de productos hortofrutícolas a bajo precio y dudosas garantías los lineales de los supermercados europeos (compitiendo deslealmente con nuestros agricultores), dependen vitalmente de la eficiencia y capacidad productiva de los ganaderos españoles para alimentar a su propia población con proteína de calidad.

El triunfo de un sector maltratado por su propio Gobierno

El éxito de la exportación de ovino no debe ocultar la realidad que viven los ganaderos en casa. Este balón de oxígeno comercial hacia el sur es el triunfo de un sector extraordinariamente maltratado por el Gobierno socialcomunista y sus imposiciones ecologistas. El ganadero español de ovino se enfrenta a diario a unos costes de producción disparados, a la falta de relevo generacional, a la asfixiante burocracia de la PAC (Política Agraria Común) y, en muchas regiones, al problema añadido de la hiperprotección del lobo, que diezma los rebaños con total impunidad.

Como han denunciado repetidamente las formaciones de derechas y los sindicatos agrarios, las políticas del bipartidismo en Europa han buscado criminalizar el consumo de carne y complicar la supervivencia de la ganadería extensiva mediante normativas irreales.

La soberanía alimentaria, de nuevo a debate

El flujo comercial de corderos hacia África del Norte subraya la inmensa debilidad geopolítica que supone carecer de soberanía alimentaria, el escenario al que se asoma ahora Marruecos respecto a la ganadería. Pero también sirve de espejo para España: si seguimos asfixiando a nuestro sector primario y expulsando a las familias del medio rural para complacer los dictados climáticos de los burócratas de Bruselas, nosotros podríamos ser los próximos en depender de barcos extranjeros para llevar comida a la mesa.

De momento, los ganaderos españoles han demostrado estar listos y ser extremadamente competitivos a nivel internacional. Han suplido las carencias del mercado marroquí con eficacia y agilidad comercial. La pregunta ahora es cuánto tiempo podrán seguir aguantando la presión interna antes de que el país acabe arruinando definitivamente el campo, y perdiendo el «pueblo» que sostiene una parte clave de la economía y la sociedad española.

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