Los favores de la CAF y la FIFA al país africano ponen en jaque la final del Mundial 2030 en territorio español
Más de dos meses después de que Senegal se proclamara campeón de la Copa Africana de Naciones en Rabat, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) ha dado un vuelco histórico: ha aceptado el recurso de Marruecos y ha declarado perdedores a los ‘Leones de la Teranga’ por 3-0, entregando el título a los anfitriones. Se trata de la primera conquista marroquí del torneo desde 1976.
El motivo oficial del recurso fue un penalti inexistente pitado en los minutos finales y fallado por el madridista Brahim Díaz. Pero el escándalo va mucho más allá. Durante el partido en el Grand Stade Hassan II, los recogepelotas marroquíes intentaron en varias ocasiones robar las pertenencias del portero senegalés con el balón en juego, mientras el cuerpo técnico local interfirió abiertamente en las revisiones del VAR. La sanción impuesta por la CAF por todas estas irregularidades: apenas 50.000 euros.
Este fallo ha generado un precedente peligroso. Analistas y medios españoles ven en él un claro ejemplo del “favoritismo” que Marruecos disfruta en los organismos futbolísticos internacionales. Un favoritismo que, según el artículo de ABC, podría extenderse a decisiones clave de la FIFA y amenazar directamente los intereses de España de cara al Mundial 2030, coorganizado por España, Portugal y Marruecos.
Grand State Hassan
El Grand Stade Hassan II, escenario del polémico partido, es precisamente uno de los estadios que Marruecos aspira a convertir en sede de la final de 2030. Con este precedente, advierten expertos consultados por ABC, el riesgo de que la final acabe desplazándose al país africano es real. “Los constantes guiños a Marruecos ponen en peligro la final en territorio nacional”, resume el diario.
La noticia llega en un momento de máxima sensibilidad para el fútbol español. A menos de cuatro años del Mundial 2030 y con la candidatura trilateral en marcha, el episodio de Rabat sirve de aviso: el poderío deportivo de Marruecos va acompañado de una influencia política y arbitral que ya ha demostrado ser capaz de cambiar resultados a su favor. España, por tanto, no solo se enfrenta a un rival futbolístico de primer nivel, sino a un adversario con peso decisivo en los despachos.












