La evidencia sobre el kinesiotaping es “muy incierta” y sus posibles beneficios son mínimos, efímeros y no superan el efecto placebo
Las vendas kinesiológicas de colores, ese accesorio omnipresente en hombros, rodillas y espaldas de deportistas profesionales y aficionados, han perdido gran parte de su aura científica. Un amplio metaanálisis publicado recientemente concluye que la técnica del kinesiotaping no ofrece beneficios clínicamente relevantes para aliviar el dolor muscular más allá de un efecto placebo a muy corto plazo.
El estudio, que revisó más de 300 investigaciones previas, es uno de los más exhaustivos realizados hasta ahora sobre esta técnica popularizada en los años 70 por el quiropráctico japonés Kenzo Kase y convertida en tendencia mundial tras los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
Los autores analizaron su impacto en dolor, funcionalidad muscular, inflamación y recuperación, y la conclusión es clara: la evidencia es “muy incierta”. Cualquier mejora observada es mínima, aparece solo en las primeras horas o días y desaparece rápidamente. A medio plazo, no se detectan diferencias significativas frente a no usar nada o aplicar un vendaje sin tensión.
Los expertos consultados por ABC coinciden en que el kinesiotaping no es una técnica “refutada por completo”, pero ha perdido el estatus de tratamiento estrella. “Sugiere prudencia”, señala uno de los investigadores. “Podemos usarlo como coadyuvante en ciertos casos, pero no como solución principal ni con expectativas milagrosas”, añade.
Vendas sin respaldo científico
El artículo recuerda que millones de personas en todo el mundo gastan cada año en estas cintas elásticas multicolores, promocionadas con promesas de mejorar la circulación, reducir la inflamación y acelerar la recuperación. Sin embargo, la nueva revisión científica pone en duda que sus efectos vayan más allá de la percepción subjetiva del usuario o del apoyo psicológico que genera ver una “venda profesional” en la piel.
Los fisioterapeutas consultados recomiendan priorizar tratamientos con mayor respaldo científico —ejercicio terapéutico, terapia manual y, en su caso, fármacos antiinflamatorios— y reservar el kinesiotaping para situaciones puntuales donde el paciente refiera alivio subjetivo, siempre bajo supervisión profesional.
En definitiva, las “vendas de colores” seguirán viéndose en gimnasios y pistas deportivas, pero la ciencia las devuelve a su justo lugar: un recurso complementario de utilidad limitada y sin pruebas sólidas de eficacia duradera.












