El número real de cotizantes a la Seguridad Social se sitúa por debajo de los 21 millones por el necesario auge del pluriempleo
España celebra un nuevo máximo histórico en el mercado laboral. Según los últimos datos de la Seguridad Social, el país roza los 22 millones de afiliaciones a pocos días de la Semana Santa. Sin embargo, esta cifra, que el Gobierno del Sanchismo difunde mensualmente como indicador de la salud laboral, oculta una cara menos amable: más de un millón de ocupados simultanean al menos dos trabajos a lo largo de todo el año. La realidad de nuestra economía.
La diferencia entre afiliaciones y cotizantes es clave. Mientras las primeras suman casi 22 millones, el número de personas que realmente cotizan al sistema —independientemente de cuántos empleos tengan— no llega a los 21 millones. La brecha la explican los pluriempleados: trabajadores por cuenta ajena que compaginan dos contratos y autónomos que cotizan por varias actividades al mismo tiempo.
Vivienda, salarios, energía, alimentos…
“Hay más de un millón de ocupados que simultanean al menos dos actividades a lo largo de todo un año”, resume el análisis. Para estas familias, un solo sueldo ya no es suficiente. El encarecimiento de la vivienda, la inflación acumulada en alimentos y energía, y los salarios que en muchos sectores no terminan de recuperarse, obligan a miles de españoles a buscar un segundo empleo, a menudo a tiempo parcial y en horarios incompatibles.
El pluriempleo no solo afecta la conciliación familiar y la salud de los trabajadores, sino que distorsiona la fotografía oficial del empleo. Lo que parece un mercado pletórico es, en realidad, un mercado donde muchos ciudadanos se ven obligados a “multiplicarse” para llegar a fin de mes.
Aunque el dato no desglosa sectores ni perfiles concretos, el mensaje es claro: detrás del récord de afiliaciones se esconde una precariedad silenciosa que obliga a más de un millón de españoles a trabajar el doble para mantener simplemente el nivel de vida de sus familias. Una tendencia que, lejos de ser coyuntural, se consolida como una de las respuestas desesperadas de la clase media a la pérdida de poder adquisitivo.












