La cruzada ideológica instaurada desde los despachos herméticos de las élites occidentales ha encontrado en el sector del automóvil a uno de sus enemigos y objetivos principales para instaurar su agenda transformadora.
Arropados bajo banderas de un falso consenso ecológico e impulsados por una política de incentivos que castiga férreamente la economía competitiva capitalista, intentan imponer una transición violenta e injustificada hacia el coche eléctrico.
Detrás de esta impositiva regulación se esconde una montaña apabullante de mentiras estructurales sistemáticas y contradicciones que pretenden cercenar de raíz la soberanía mecánica y la libertad de movimientos de millones de familias corrientes.
A los usuarios se les bombardea continuamente desde medios hegemónicos alineados dictaminando que comprar un trasto que dependa de enchufes y extensas paradas no es la alternativa del presente, sino el mandato inexcusable, penalizando en base a impuestos descarados la compra tradicional.
Se silencia cuidadosamente un panorama desolador que destapa grandes deficiencias infraestructurales y medioambientales de dudosa aportación.
Lejos de beneficiar, la demonización sin cuartel del robusto motor de combustión diésel o gasolina amenaza con generar un insoportable colapso logístico europeo derivado de las inoperantes exigencias regulatorias como bien atestiguaron meses atrás transportistas patriotas ante coyunturas asfixiantes relativas a los imparables y abusivos impuestos verdes comunitarios hundiendo drásticamente la capacidad de transporte continental.
El escandaloso y camuflado precio oculto tras la batería
Se engaña abiertamente al contribuyente ignorando sistemáticamente el desgarrador coste económico enmascarado tras las ruidosas ayudas iniciales o subvenciones engañosas de carácter estatal.
El verdadero drama financiero para el comprador estalla al momento en el que el vehículo cruza el humillante umbral del desgaste natural transcurridos sus primeros ocho a diez años de vitalidad inicial en carretera de corto kilometraje.
Adquirir componentes, celdas de litio averiadas y módulos principales enteros supone desembolsar sumas ingentes de capital superiores incluso a quince mil euros que equivalen comúnmente al valor residual intrínseco del vehículo siniestrado, provocando rotundos desastres domésticos y patrimoniales para su titular.
Y ni siquiera se garantiza su longevidad estricta dado que la química caprichosa del litio reduce la ansiada y presunta autonomía final ante el menor envite derivado del estrés de picos climáticos regulares o el simple uso prolongado en infraestructuras deficientes de carga ultra rápida.
La sucia verdad esgrimida sobre los procesos mineros necesarios
Otra inmensa falacia abanderada religiosamente por los presuntos abanderados modernos de un mundo libre de polución estriba en la limpieza inicial pregonando el supuesto nulo impacto carbónico del nuevo automóvil verde y ecologista europeo en sus manuales propagandísticos promocionales cotidianos por encima del humilde vehículo térmico.
Lo cierto es que todo en lo que respecta de punta a punta en el entramado global logístico de las baterías asusta por la intensidad espantosa y depredadora que provoca el voraz y abusivo neocolonialismo vinculado para conseguir materias esenciales mediante técnicas arcaicas, deforestando, emponzoñando ríos, empleando brutal trabajo no cualificado ni reglado en el sur global para obtener de cobalto y materiales nobles.
Por consiguiente la factura verde medioambiental para poner en rodaje real un coche moderno ha supuesto presuntamente en países asiáticos generadores una contaminación en red mucho mayor debida al origen eminentemente térmico y derivado del carbón tradicional del soporte energético asiático global subyacente responsable del ensamblaje originario del vehículo antes de salir del concesionario libre e inmaculado.
Asalto al ciudadano con regulaciones coercitivas de movilidad asfixiante
Estas barreras coercitivas persiguen en verdad someter financieramente y confiscar veladamente el libre movimiento a los sectores asalariados limitando sus tránsitos interprovinciales si son calificados como elementos contaminantes y de clases marginadas financieramente y de esta particular y orquestada forma las altas y ostentosas instituciones europeas pueden mantener impune o limitar el acceso a la gran metrópolis solamente a las abultadísimas carteras dominantes.
Ante una ofensiva que estrangula las arterias viales imponiendo prohibiciones sectarias, donde el empobrecimiento sistemático no para de encarecer presuntamente las hipotecas locales forzando situaciones por las cuales miles de familias desfavorecidas denuncian a diario que los políticos imponen todo tipo de regulaciones a sus expensas utilizando desviaciones argumentales y falsos eslóganes gubernamentales pretendiendo disfrazar la sangrante merma económica real de los ciudadanos.
Fuentes institucionales representativas de la automoción relativas a datos reales del sector industrial: Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones, en sus indicadores recogidos habitualmente frente a exigencias regulatorias europeas en el Portal y datos oficiales del mercado (ANFAC).












