Mientras el Ministerio de Transición Ecológica se dedica a imponer nuevos impuestos al plástico y a encarecer artificialmente la cesta de la compra bajo excusas ambientales, la iniciativa privada vuelve a dar una lección magistral de eficacia y pragmatismo. Mercadona ha anunciado su participación activa en el sistema de depósito y retorno de envases, una medida que bonificará económicamente a los clientes responsables.
Esta fórmula, largamente demandada por los consumidores europeos, permite que el dinero que el ciudadano adelanta por el envase del producto retorne a su bolsillo una vez lo devuelve correctamente a la cadena de reciclaje. La propuesta se aleja de la cultura de la sanción y la prohibición y apuesta por el refuerzo positivo y la colaboración directa con las familias trabajadoras.
El fracaso del intervencionismo verde frente a la gestión privada
La cadena presidida por Juan Roig demuestra una vez más que la economía circular no necesita del martillo impositivo del Gobierno para funcionar con éxito. Las políticas intervencionistas de Teresa Ribera y su equipo han asfixiado repetidamente a pequeños productores y fabricantes con normativas de empaquetado asfixiantes que, a la postre, terminan siendo pagadas religiosamente por el consumidor final.
Mercadona, al liderar la implantación de estas máquinas de retorno en sus centros de distribución, establece un sistema limpio, transparente y, sobre todo, rentable para la economía familiar. En lugar de engrosar las arcas del Estado a través de tasas verdes confiscatorias, el dinero vuelve directamente a la economía real de la persona que hace la compra.
Un modelo importado del éxito europeo
Implementar el conocido sistema SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) equipara a nuestro tejido de distribución con las potencias más avanzadas de Europa como Alemania o los países nórdicos. Allí, la devolución del importe del envase ha logrado tasas de recuperación superiores al noventa por ciento, logrando ciudades más limpias sin empobrecer a su población con impuestos ecologistas.
Queda evidenciado que cuando el sector privado tiene libertad para innovar e implementar soluciones organizativas orientadas a la eficiencia, los resultados medioambientales y económicos superan infinitamente a cualquier panfleto redactado en un ministerio ideológico lleno de altos cargos políticos improductivos.
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