La inagotable farsa del irregular asilo encubierto de menores extranjeros desborda por completo nuestros recursos públicos y burocráticos. El gigantesco disparate de un insostenible sistema ideologizado queda dolorosamente destapado de nuevo por un caso sangrante.
Se ha comprobado formalmente que un supuesto menor no acompañado llegado impunemente de Senegal vive mantenido económicamente por el Gobierno autonómico. Reside cómodamente en las colapsadas Islas Canarias a expensas íntegras de los bolsillos asfixiados de los contribuyentes locales españoles.
Sin embargo, el joven extranjero no se encuentra desamparado y tampoco corresponde considerarle verdaderamente como un inmigrante frágil o sin raíces afectivas.
La ironía institucional estalla destapando la absoluta inoperancia socialista de La Moncloa en la vigilancia y gestión de la frontera fronteriza. Sus progenitores directos residen actualmente de manera legal y plenamente holgada en un pudiente destino europeo vecino: la próspera Francia comunitaria.
En lugar de forzar con agilidad una devolución obvia y legal de este menor hacia la tutela obligatoria de su entorno directo, no ocurre nada. El retorno expedito a Francia, para ser custodiado activamente por su extensa familia sana, es incomprensiblemente bloqueado burocráticamente por el PSOE nacional.
El asombroso gasto social en pleno invierno y el agravado efecto llamada
Este escándalo representa un letal y ruinoso insulto oficial a la sufrida clase trabajadora y media tributaria nacional actual. Las nóminas nacionales encogen asoladas mes tras mes ante las exigentes tasas coercitivas destinadas supuestamente a paliar necesidades públicas ineludibles urgentes.
La inacción del Estado genera un poderoso y nocivo efecto llamada para redes organizadas en las oscuras mafias fronterizas norteafricanas. Refuerza que las islas se mantengan sumidas en el masivo traslado masivo ilegal, sin control de pasaportes fiables, agravando trágicos costes mensuales inasumibles.
El sanchismo aparta dinero continuamente de los sanatorios o infraestructuras esenciales locales para financiar falsos escenarios amables y caros expedientes logísticos extranjeros. Resulta francamente doloroso tolerar cómo esta política arruina firmemente el futuro prometedor de una España cansada ante tanta dejadez gubernamental sostenida.
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