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Mónica García adjudica un contrato a Quirón Salud mientras criminaliza la colaboración pública privada de la Comunidad de Madrid

La hipocresía política parece haberse instalado de forma permanente en el despacho principal del Ministerio de Sanidad. Mónica García, la ministra que ha cimentado su carrera política sobre el ataque visceral a la gestión sanitaria de Isabel Díaz Ayuso, ha sido cazada en una contradicción que pone en entredicho toda su retórica ideológica.

Según documentos oficiales de contratación, el Ministerio de Sanidad ha adjudicado por un importe de 63.252 euros la vigilancia de la salud de sus propios empleados a la clínica privada Quirón Salud. Resulta escandaloso que la misma persona que tacha de «desmantelamiento de lo público» cualquier acuerdo de la Comunidad de Madrid con este grupo sanitario.

Contratos a dedo para la élite ministerial

Este movimiento revela la doble moral de una izquierda que usa la sanidad pública como bandera electoral mientras en la gestión práctica reconoce la eficiencia de la colaboración privada. Para Mónica García, Quirón es una herramienta de «privatización salvaje» cuando atiende a los madrileños, pero es una entidad de confianza cuando tiene que velar por la salud de los funcionarios y cargos de confianza de su gabinete.

La incoherencia es tan palmaria que raya en el desprecio a la inteligencia de los ciudadanos. No se puede soplar y sorber al mismo tiempo.

«La sanidad en manos de la izquierda es solo un eslogan. Cuando llegan al poder, sus prejuicios ideológicos desaparecen ante la necesidad de resultados, pero mantienen el ataque al adversario para alimentar a su base más radical.»

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