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Montero explota contra Vito Quiles tras preguntarle por el crimen de Esplugues: “Te protegen jueces y Policía”

“Hagas lo que hagas vas a tener un juez que te proteja, y vas a tener una Policía que no te detiene”, dice Montero a Vito Quiles

Vito Quiles ha dado a conocer ese lado contradictorio y paradójico de la podemita ultrafeminista Irene Montero. No ha respondido a sus preguntas sobre el crimen de Esplugues al tratarse el presunto criminal de un marroquí reincidente. En vez de ello, ha sacado su lado más ‘sensible’ y ha acusado muy gravemente de escuadristas y fachas a todo el sistema jurídico, policial y mediático (gran parte) en España.

Así es, el popular y mediático periodista preguntó a la exministra por el asesinato de la chica en Esplugues de Llobregat. Montero se mostró violenta verbalmente respondió acusándole de actuar con chulería, con protección judicial y policial, y de formar parte de una estrategia de intimidación política. El choque ha reactivado además el debate sobre los viejos escraches de Podemos y el llamado “jarabe democrático”.

Como recogemos en LA BANDERA en exclusiva, informativamente hablando, la tensión entre Vito Quiles e Irene Montero ha vivido uno de sus momentos más explosivos después de que el periodista preguntara a Montero por el crimen de Esplugues. La podemita evitó responder al fondo de la cuestión y aprovechó para lanzar una dura ofensiva verbal contra Quiles, al que acusó de actuar con “chulería” y de moverse con una supuesta sensación de impunidad.

Protección institucional y política

El asunto ha escalado porque Montero fue más allá del cruce político habitual y afirmó que Quiles cuenta con una especie de protección institucional que le permitiría actuar sin consecuencias.

En su intervención, sostuvo que el periodista sabe que “hagas lo que hagas vas a tener un juez que te proteja, y vas a tener una Policía que no te detiene”, unas palabras que han sido interpretadas por sus críticos como una acusación gravísima y una desautorización de las instituciones del Estado.

Ataques personales de Irene Montero

El mensaje, además, ha sido leído como un intento de trasladar el foco desde la pregunta sobre el crimen hasta un ataque personal contra quien la formuló.

Quiles, por su parte, ha defendido que su única intención fue preguntar a la exministra por un crimen especialmente sensible y que la reacción de Montero demuestra hasta qué punto la izquierda radical se incomoda cuando se le exige una posición clara ante hechos concretos.

Montero se refugia en el insulto

En su lectura, la dirigente de Podemos no solo rehuyó condenar con rotundidad el asesinato de la mujer, sino que optó por desacreditar al periodista para esquivar el fondo de la cuestión. Esa es precisamente la imagen que sus seguidores han querido proyectar en redes: la de una Montero incapaz de responder sin refugiarse en el insulto y en la etiqueta ideológica.

El contexto del caso no ha hecho sino aumentar la polémica. Según la información disponible sobre el crimen de Esplugues, el detenido marroquí fue enviado a prisión provisional tras ser investigado por asesinato, homicidio en grado de tentativa, lesiones, amenazas graves y daños. La gravedad del suceso ha convertido el intercambio entre ambos en algo más que una pelea verbal: para muchos, lo que estaba en juego era si Montero estaba dispuesta a condenar de forma nítida un crimen brutal o si prefería enmarcar el episodio en su guerra política habitual contra los comunicadores incómodos.

Incapacidad de la izquierda para tolerar

En ese sentido, el choque ha abierto una nueva grieta entre quienes ven en Quiles a un reportero que hace preguntas incómodas y quienes consideran que su estilo de confrontación le lleva a actuar como un agitador político. La respuesta de Montero, sin embargo, ha terminado alimentando justo la tesis contraria: que el problema no es la pregunta, sino la incapacidad de la izquierda para tolerar que le señalen sus contradicciones públicas.

Jarabe democrático podemita

La bronca también ha reactivado una memoria política que Podemos preferiría tener más lejos. Muchos usuarios han recordado en X las viejas referencias al “jarabe democrático” y a los escraches que durante años defendieron Pablo Iglesias, Montero y otros dirigentes como una forma legítima de presión social contra el poder. Hoy, esa hemeroteca vuelve contra ellos.

Los mismos sectores que entonces presentaban el señalamiento público como una herramienta de combate político ahora hablan de impunidad, de intimidación y de violencia simbólica cuando el foco se vuelve contra sus propios referentes.

Ese contraste ha sido uno de los puntos más comentados en las redes sociales. Los mensajes críticos reprochan a Montero que haya participado en la normalización del escrache cuando el objetivo eran dirigentes del PP o del entorno de la llamada “casta”, y que ahora se indigne cuando ella o su espacio político quedan expuestos a preguntas incómodas. Para sus detractores, el debate no es ya solo sobre Quiles, sino sobre la doble vara de medir con la que la izquierda trata la confrontación callejera y mediática.

A ello se suma otro elemento que ha reforzado la polémica: la insistencia de Montero en vincular a Quiles con una red de apoyos políticos, mediáticos y judiciales.

Graves acusaciones sobre la Justicia y Policía

Al sugerir que su comportamiento se explica por la protección de jueces y policías, la exministra ha elevado el choque a un terreno institucional delicado. No solo cuestiona al periodista, sino que lanza una sospecha directa sobre el funcionamiento de la Justicia y de las fuerzas de seguridad. Para sus críticos, esa acusación no solo carece de pruebas, sino que responde a una estrategia de victimización política cuando el discurso no consigue neutralizar a quien pregunta.

En definitiva, el episodio de Esplugues ha terminado convertido en una fotografía perfecta del clima político actual: preguntas incómodas, respuestas incendiarias y una batalla permanente por el relato. Quiles ha logrado situar a Montero a la defensiva en un asunto especialmente sensible, mientras que la exministra ha optado por endurecer el tono y convertir el cruce en una acusación contra el entorno institucional que, según ella, ampara al periodista.

El resultado es un nuevo frente de desgaste para Montero y un espaldarazo para el discurso de Quiles, que ha salido del episodio reforzado en su papel de agitador incómodo para la izquierda. Y, sobre todo, ha vuelto a quedar en evidencia una contradicción de fondo: quienes durante años justificaron los escraches como “jarabe democrático” ahora exigen blindaje absoluto frente a la crítica y el señalamiento público.

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