La gran mentira de la candidata socialista al destaparse su romance postdestitución con Vicente Fernández
Libertad Digital ha destapado una bomba periodística que sacude la campaña electoral andaluza: María Jesús Montero, exvicepresidenta del Gobierno y candidata del PSOE a la Junta de Andalucía, compartió escapada romántica con Vicente Fernández, expresidente de la SEPI, en un lujoso hotel de Cabo de Gata dos años después de haberlo cesado en su cargo.
Esta revelación, basada en la denuncia de un testigo ante la Guardia Civil, contradice frontalmente las declaraciones de Montero en el Congreso, donde negó cualquier contacto personal o profesional con Fernández desde su salida en 2019.
El testimonio ocular, presentado por un huésped del Hotel Las Salinas en La Almadraba de Monteleva (Almería), describe cómo entre el 16 y el 19 de agosto de 2021, Montero y Fernández actuaban como una pareja consolidada. Es decir, disfrutaban de las piscinas, paseaban por la playa y compartían momentos íntimos a la vista de otros clientes.
«Ambos disfrutaban de las instalaciones del complejo y también de la playa como una pareja más«, reza la denuncia, que califica de «falso» el relato público de la política sevillana, quien en diciembre de 2025, tras la detención de Fernández por la UCO en la trama SEPI, juró no tener «ni idea de lo que está haciendo este señor» ni ningún vínculo desde su cese.
Reacciones políticas
La exclusiva ha desatado una tormenta en plena precampaña de las elecciones andaluzas del 17 de mayo. La portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, no ha tardado en acusar a Montero de «mentir» descaradamente sobre su relación con el exmandatario público, al que designó en 2018 como mano derecha durante su etapa en Hacienda. «Con quién esté o deje de estar la señora Montero al PP no le preocupa, pero ha mentido: dijo que no tenía ninguna relación con él y la tenía, y de forma personal», espetó Muñoz en Telecinco, tildando la campaña socialista de «desastre» irreparable.
Desde el PSOE, el silencio ha sido ensordecedor hasta el momento, pero fuentes cercanas a la dirección andaluza hablan de «pánico interno» ante el posible impacto en las urnas, donde Montero aspira a liderar la remontada frente al PP de Juanma Moreno.
La trama SEPI, que ya salpicó al entorno de Montero con la detención de Fernández en diciembre de 2025 por presunta corrupción en adjudicaciones públicas, cobra ahora un tinte personal que cuestiona la credibilidad de la candidata.
Recordemos que Fernández, ahijado político de Montero en la Junta de Andalucía, dimitió de la SEPI en 2019 tras un procesamiento por la mina de Aznalcóllar, del que luego fue absuelto, pero su arresto reciente por la UCO junto a figuras como Leire Díez ha reabierto heridas.
Contexto de la relación
La historia de Montero y Fernández es un culebrón con aroma a poder y favores. Nombrado presidente de la SEPI en 2018 por la propia Montero, entonces ministra de Hacienda, Vicente Fernández Guerrero fue su hombre de paja en la sociedad estatal dependiente del Ministerio de Hacienda.
Tras solo 15 meses, cesado en octubre de 2019, Montero siempre defendió su gestión: «Su carrera avaló su nombramiento«, llegó a decir. Sin embargo, en diciembre de 2025, ante los registros de la UCO en Sepides, Enusa y Mercasa, la exvicepresidenta se desmarcó: «No tengo contacto con este señor desde que salió, ni WhatsApp, ni llamadas, ni reuniones».
La denuncia del testigo, publicada por el periodista Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital, pinta un cuadro idílico en el paraíso almeriense: el Hotel Las Salinas, un cinco estrellas en primera línea de playa dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, sirvió de escenario para lo que el denunciante califica de «convivencia de pareja normal y corriente».
Este idilio veraniego de 2021, dos años postcese, no solo desmiente la narrativa de distanciamiento total, sino que invita a preguntarse si los lazos afectivos influyeron en decisiones públicas previas.
Implicaciones en la trama SEPI y la carrera de Montero
La aparición de Cabo de Gata en la macroinvestigación de la SEPI eleva la presión sobre Montero, cuya candidatura andaluza ya cojeaba por los escándalos socialistas.
Fernández, detenido por amaños en contrataciones públicas vinculados a Leire Díez y el empresario Antxon Alonso, representa el talón de Aquiles del PSOE: una red de enchufes que huele a podrido desde Andalucía hasta Moncloa. Moncloa contuvo la respiración en 2025 ante el temor de que las pesquisas salpicaran directamente a la exministra, y ahora esta exclusiva reaviva las sospechas.
El testigo, motivado por «deber ciudadano», busca desmontar la «gran mentira» de Montero, cuya negación en sede parlamentaria choca con evidencias presenciales. Mientras el PSOE andaluz lidia con una campaña en barrena, el PP huele sangre: «¿Qué más oculta la candidata que mintió sobre su pareja investigada?«, se pregunta Muñoz. Las elecciones del domingo podrían ser el juicio popular a esta exclusiva que une playa, poder y falsedades.
En redes, el revuelo es mayúsculo: Libertad Digital viraliza el vídeo del hotel y la denuncia, con miles de compartidos que gritan «mentira socialista«. ¿Respuesta de Montero? Por ahora, mutis por el foro, pero el reloj electoral no perdona.













