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Motín en centro de inmigrantes irregulares en Grecia que deja dos policías heridos y 30 ilegales detenidos

La laxitud migratoria del Sanchismo acerca España al mismo caos que ya sufre Europa: el aviso de Grecia es HOY

La noche del jueves estalló un violento motín en un centro de detención de inmigrantes en el norte de Grecia. Unos 750 extranjeros alojados en el recinto se amotinaron, atacando a las fuerzas de seguridad con piedras y agresiones físicas. El resultado: dos policías heridos –uno por el impacto de una piedra y otro por una mordedura en la mano– y 30 inmigrantes ilegales detenidos tras los enfrentamientos. La policía griega consiguió finalmente controlar la situación, pero el episodio vuelve a poner de manifiesto los riesgos reales de una inmigración masiva e incontrolada.

Según fuentes del Gobierno heleno, los agentes fueron agredidos con extrema violencia mientras cumplían con su deber de mantener el orden en un centro que acoge a cientos de personas que han entrado ilegalmente en el país. Este tipo de incidentes no son aislados en Europa, donde la presión migratoria ha convertido muchos centros en auténticos polvorines.

Grecia, que durante años ha sufrido en primera línea la crisis migratoria, ha respondido en los últimos meses con un endurecimiento valiente de su legislación: permite la detención de inmigrantes hasta 24 meses, impone penas de prisión de entre dos y cinco años por entrada o estancia ilegal, y establece cárcel obligatoria para quienes ven rechazada su solicitud de asilo. Medidas de sentido común que contrastan con la deriva suicida de ciertos gobiernos europeos.

Advertencia para España

Este motín es una advertencia clara para España. Bajo el Sanchismo, nuestro país se ha convertido en la puerta de entrada favorita de la inmigración ilegal a Europa. Las políticas de puertas abiertas, las continuas regularizaciones masivas, la debilidad ante las mafias de tráfico de personas y el desprecio sistemático por las fronteras están creando las condiciones perfectas para que escenas similares se repitan aquí.

Mientras Grecia y otros países conservadores reaccionan reforzando controles y devoluciones, en España el Gobierno de Pedro Sánchez premia la llegada irregular, satura los CIE, colapsa los servicios públicos y genera guetos donde la integración es imposible y la delincuencia crece. Los españoles ya pagamos las consecuencias en forma de inseguridad, sobrecarga sanitaria y educativa, y tensiones sociales cada vez más evidentes en barrios de muchas ciudades.

El mensaje de Grecia es rotundo: la inmigración ilegal sin control no genera riqueza, genera conflicto. Ignorar esta realidad, como hace el Ejecutivo socialista, no es compasión, es irresponsabilidad criminal.

Nuestros propios motines

Si no se cambia radicalmente el rumbo, con fronteras seguras, devoluciones inmediatas y fin de las políticas de llamada, España corre el serio riesgo de sufrir pronto sus propios motines en centros de internamiento, sus propias agresiones a las fuerzas de seguridad y un deterioro social que ya no tendrá marcha atrás.

La defensa de la soberanía nacional y el orden público no es una opción ideológica: es una obligación de cualquier Gobierno responsable que se precie de defender a sus ciudadanos. «Ser es defenderse», recordaba Ramiro de Maeztu. En Europa, algunos ya lo están entendiendo. En España, el sanchismo sigue mirando para otro lado.

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