La izquierda radical española y sus aliados internacionales montan un circo náutico para blanquear a los islamistas y criminalizar a Israel
Desde Barcelona, uno de los puertos preferidos de la progresía europea, ha zarpado la llamada Global Sumud Flotilla, una iniciativa que InfoLibre presenta con el patético eslogan “Los crímenes no descansan, tampoco nosotros”. Es el regreso del show de Gaza.
En realidad, se trata de la enésima provocación del perroflautismo podemita y sus cómplices internacionales: más de cien embarcaciones y alrededor de tres mil activistas de más de cien países, muchos de ellos vinculados a movimientos que nunca han condenado los atentados del 7 de octubre ni el uso de escudos humanos por parte de Hamás.
La flotilla, que ya navega en aguas internacionales tras superar retrasos por el mal tiempo, presume de llevar “ayuda humanitaria” y un contingente médico. Sin embargo, su verdadero objetivo es político: romper el bloqueo naval legítimo que Israel mantiene sobre Gaza para impedir el rearme de un grupo terrorista que ha convertido el enclave en un gigantesco almacén de cohetes y túneles.
La ayuda real acaba en manos de Hamás
Estos mismos “solidarios” guardan un silencio cómplice ante el hecho de que la ayuda real enviada a Gaza acaba sistemáticamente desviada por Hamás para sus fines militares y para enriquecer a sus dirigentes.
El nombre “Sumud” —que significa “perseverancia” en árabe— no es casual. Forma parte del lenguaje propagandístico palestino que niega el derecho de Israel a existir y presenta a los terroristas como víctimas eternas.
La iniciativa cuenta con el apoyo entusiasta de organizaciones como Greenpeace, Open Arms y diversas ONGs que, bajo la bandera de los derechos humanos, practican un activismo selectivo que solo señala a Israel mientras ignoran las dictaduras islámicas, las violaciones sistemáticas en Irán, Qatar o los territorios controlados por Hamás y la Yihad Islámica.
Barcos «pacíficos»
Esta nueva flotilla repite el guion de misiones anteriores: generar imágenes mediáticas de “barcos pacíficos” interceptados por la marina israelí, para después acusar a Israel de “piratería” o “crímenes de guerra”. Olvidan convenientemente que Israel ha ofrecido en múltiples ocasiones inspeccionar la carga en puerto para garantizar que no se introduzcan armas, algo que estos activistas rechazan porque su interés no es aliviar el sufrimiento gazatí, sino alimentar la narrativa antiisraelí en Occidente.
Terrorismo de Hamás
Mientras tanto, en Gaza, Hamás sigue invirtiendo recursos en infraestructura terrorista en lugar de reconstruir y mejorar la vida de la población. Y en España, sectores de la izquierda radical —herederos del podemismo— aplauden este tipo de acciones que debilitan a un aliado clave frente al islamismo radical.
El “perroflautismo” no descansa: prefiere navegar hacia Gaza para hacer propaganda que enfrentarse a la realidad de un conflicto provocado por quienes sueñan con arrojar a los judíos al mar.
Esta flotilla es para gran parte del sector sociopolítico y un clamor en redes sociales conservadoras, un «teatro político al servicio de quienes justifican el terrorismo y demonizan la legítima defensa de Israel».












