Filoetarras criminales al acecho: resurge el movimiento independentista proetarra con cobardía contra un comercio inocente
En un acto de cobardía y violencia gratuita que rememora los peores tiempos de la kale borroka, la tienda ‘Sabor a España’ ubicada en la emblemática Plaza Consistorial de Pamplona ha sido atacada por segunda vez en menos de seis meses. Los responsables, presuntamente filoetarras radicales que se escudan en la oscuridad para sembrar el odio, han cubierto los escaparates con pintadas insultantes como «faxistak» (fascistas) y «espainolak» (españoles). Se trata de un claro intento de intimidar a un negocio que representa la diversidad y la tradición gastronómica española.
Este incidente no es solo un vandalismo aislado: es un síntoma alarmante de la persistencia de ideologías extremistas que, lejos de extinguirse con la disolución de ETA en 2018, siguen infectando a sectores minoritarios pero peligrosos de la sociedad vasca y navarra.
Ataque calculado y repetitivo
Según informó el Diario de Navarra, los cristales del establecimiento amanecieron cubiertos de graffitis ofensivos, obligando a los trabajadores a limpiar los daños en plena mañana.
La tienda, especializada en turrones, frutos secos garrapiñados y otros productos típicos de la repostería española, no es un objetivo político ni ideológico per se; es un comercio familiar que promueve el «sabor» de España en su diversidad regional. Sin embargo, para los autores de este acto criminal, cualquier símbolo de unidad española parece merecer su ira irracional.
Este no es el primer asalto. Apenas una semana después de su inauguración en septiembre de 2025, más de veinte jóvenes entre 16 y 25 años irrumpieron en el local, rompiendo adornos de la fachada, lanzando huevos a empleados y clientes, y empujando a trabajadores.
Un empleado, en declaraciones recogidas por el medio local, aseguró que en otras sucursales de la franquicia en Bilbao o San Sebastián nunca han sufrido incidentes similares. «¿Por qué en Pamplona sí? Porque aquí persiste esa mentalidad filoetarra que ve enemigos en todo lo que huele a España», reflexionó un testigo anónimo consultado por este medio.
El concejal de Comercio y Turismo del Ayuntamiento de Pamplona, Mikel Armendariz (Geroa Bai), no tardó en condenar los hechos a través de sus redes sociales: «Señalar, amenazar y vandalizar son actitudes que no tienen cabida en Pamplona-Iruña. Los fascistas que han hecho estas pintadas utilizando métodos de otros tiempos nos tendrán siempre en contra». Sus palabras, aunque firmes, destacan la ironía: son precisamente los atacantes quienes emplean tácticas fascistas de intimidación, disfrazadas de «lucha» independentista.
Legado de terror que debe ser erradicado
La kale borroka, esa forma de «lucha callejera» que ETA utilizó como cantera para reclutar a jóvenes radicales durante décadas, no es un juego ni una expresión de disidencia legítima.
Es terrorismo urbano puro y duro: quema de cajeros, ataques a sedes políticas, vandalismo contra comercios y, en casos extremos, agresiones físicas que han costado vidas y millones en daños. Entre los años 90 y 2000, esta práctica causó estragos en Euskadi y Navarra, con miles de incidentes que aterrorizaron a la población civil y socavaron la convivencia democrática.
Los filoetarras criminales –esos simpatizantes de ETA que, aunque la banda se disolvió, siguen justificando la violencia como «resistencia»– representan un anacronismo peligroso en una España moderna y democrática.
Organizaciones como Sortu o Bildu, herederas ideológicas del entorno etarra, han condenado formalmente la violencia, pero incidentes como este en Pamplona cuestionan si esa condena es sincera o solo una fachada para ganar legitimidad política. La kale borroka no es folklore juvenil; es un delito que fomenta el odio sectario y divide comunidades.
Quema de banderas de España
En Navarra, esta resaca de violencia no es nueva. En los últimos años, hemos visto ataques similares: quema de banderas españolas en fiestas locales, pintadas en monumentos históricos y agresiones a policías durante manifestaciones independentistas.
El caso de ‘Sabor a España’ se suma a una lista negra que incluye el vandalismo contra sedes del PP o UPN, o incluso contra comercios que no comulgan con el nacionalismo radical.
Expertos en seguridad, como el analista político Ignacio Varela, han advertido en columnas recientes que la kale borroka no ha desaparecido; solo se ha hibernado, esperando momentos de debilidad institucional para resurgir».
Sociedad civil y autoridades exigen justicia
La reacción social no se ha hecho esperar. Asociaciones de comerciantes en Pamplona, como la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN), han emitido un comunicado exigiendo «medidas urgentes para proteger el tejido comercial de la ciudad». «No podemos permitir que un puñado de radicales dicte qué negocios pueden abrir y cuáles no. Esto es extorsión disfrazada de ideología», declaró su presidente, Juan Miguel Sucunza.
Desde el ámbito político, figuras como el presidente del Gobierno de Navarra, Javier Remírez (PSN), ha calificado el ataque como «un retroceso intolerable a épocas oscuras». En un tuit, Remírez instó a la Policía Foral y Nacional a «investigar exhaustivamente y llevar a los culpables ante la justicia».
Incluso desde Madrid, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha anunciado un refuerzo de la vigilancia en zonas sensibles de Navarra, recordando que «la kale borroka es terrorismo, y el terrorismo no prescribe».
Víctimas históricas de ETA, como la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), han vinculado este incidente a un patrón más amplio.
Su portavoz, Maite Pagazaurtundúa, afirmó: «Estos actos son el caldo de cultivo para futuras generaciones de etarras. Los filoetarras criminales no solo dañan propiedades; destruyen la paz que tanto costó conquistar». Pagazaurtundúa, eurodiputada y hermana de un asesinado por ETA, enfatizó la necesidad de educación cívica para desmontar mitos independentistas que glorifican la violencia.
Coste humano y económico
Más allá de los daños materiales –estimados en miles de euros por reparaciones y pérdidas en ventas–, estos ataques tienen un impacto psicológico profundo.
Los empleados de ‘Sabor a España’ viven con miedo constante, como relató uno de ellos: «Venimos a trabajar, no a ser objetivos políticos. ¿Qué hemos hecho mal por vender turrón de Alicante o mazapán de Toledo?».
En un contexto económico post-pandemia, donde el turismo y el comercio local son vitales para Pamplona, actos como este disuaden inversiones y ahuyentan visitantes.
Los valientes de la noche
La kale borroka no solo es ilegal; es contraproducente para la propia causa independentista. Encuestas recientes del Euskobarómetro muestran que el apoyo al separatismo violento es residual, por debajo del 5% en Navarra.
La mayoría de la sociedad vasca y navarra rechaza estos métodos, priorizando el diálogo y la democracia. Sin embargo, mientras haya impunidad para estos «valientes de la noche», el riesgo persiste.
En este sentido, los ciudadanos consideran que la justicia debe ser implacable: penas ejemplares para vandalismo ideológico, que se tipifique como delito de odio. La sociedad civil, por su parte, debe unirse en rechazo: boicots a discursos que justifiquen la violencia, o apoyo a víctimas como los dueños de ‘Sabor a España’.












