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El partido islamista andaluz quiere sustituir la estatua del Cid por una de Al-Mutamid en Sevilla

La polémica en torno al Partido Andalusí, formación definida por sus propios promotores como inspirada en el “humanismo islámico”, ha dado un nuevo salto tras la difusión de un vídeo en Instagram en el que Yihad Sarasua plantea retirar la estatua del Cid Campeador en Sevilla para sustituirla por una de Al-mutamid, último rey de la taifa sevillana. La propuesta llega en un momento especialmente sensible, después de que el partido haya anunciado su candidatura a las elecciones andaluzas del 17 de mayo de 2026 por la provincia de Cádiz y haya generado debate por sus planteamientos sobre el árabe, Ceuta, Melilla y la identidad andalusí.

Una formación que se presenta como “humanista islámica”

El Partido Andalusí no oculta su marco ideológico. En su propia página de constitución afirma que se basa en la concepción política de Blas Infante y en los principios del “humanismo islámico”, además de declararse “voz de las minorías”. También recoge como objetivo que Ceuta y Melilla vuelvan a formar parte de la autonomía andaluza, una propuesta que ya de por sí sitúa a la formación en un terreno políticamente delicado.

Desde una lectura crítica, el problema no está solo en que una formación minoritaria reivindique el pasado andalusí, sino en que utilice esa memoria histórica como eje de una agenda política actual. El partido sostiene que no busca imponer una religión, pero sus referencias constantes al islam, al árabe y a Al Ándalus alimentan la percepción de que su proyecto no es simplemente cultural, sino identitario y político.

El Cid, un símbolo incómodo para el nuevo relato

La estatua del Cid Campeador no es una pieza menor del mobiliario urbano sevillano. El monumento, situado en la avenida del Cid, fue modelado por la escultora estadounidense Anna Hyatt Huntington y donado a Sevilla en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana, según recoge la Universidad Pablo de Olavide. La obra forma parte del paisaje histórico de la ciudad y conecta Sevilla con una tradición hispánica que trasciende lo local.

Por eso, pedir su retirada no puede presentarse como un simple cambio artístico. En términos políticos, sustituir al Cid por Almutamid supone desplazar un símbolo asociado a la historia cristiana y castellana por otro vinculado al esplendor islámico de la Sevilla taifa. Para una parte importante de la derecha social y cultural, esta propuesta encaja en una tendencia más amplia: revisar los símbolos nacionales bajo el argumento de la diversidad histórica.

Almutamid, entre la historia y la instrumentalización política

Almutamid fue el último rey de la dinastía abadí de Sevilla y gobernó en un periodo de esplendor cultural de la taifa, hasta ser derrotado por los almorávides y desterrado al norte de África. Su figura tiene relevancia histórica y literaria, y de hecho fue admirada por Blas Infante, que viajó en 1924 a su tumba en Agmat y le dedicó la obra Motamid, último rey de Sevilla.

Reconocer la importancia histórica de Almutamid no exige borrar al Cid. Esa es la clave de la polémica. Sevilla puede estudiar, divulgar y recordar su pasado andalusí sin necesidad de retirar símbolos ya integrados en la memoria urbana de la ciudad. El problema aparece cuando la reivindicación cultural se plantea como sustitución, porque entonces deja de ser memoria y se convierte en batalla política.

Una polémica que va más allá de una estatua

El debate sobre la estatua del Cid Campeador coincide con la irrupción electoral del Partido Andalusí, que en 2023 ya se presentó a las municipales de Algeciras y obtuvo 327 votos, según recoge Maldita.es a partir del Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz. En 2026 concurre por primera vez a unas elecciones autonómicas andaluzas, lo que ha ampliado el foco mediático sobre sus propuestas.

La polémica, por tanto, no nace únicamente del vídeo de Sarasua. Forma parte de una discusión mayor sobre si Andalucía debe reforzar sus símbolos históricos comunes o abrir la puerta a una relectura identitaria marcada por el islam político-cultural. Desde una línea editorial de derechas, la cuestión resulta evidente: una cosa es estudiar el pasado andalusí y otra muy distinta convertirlo en herramienta para desplazar símbolos españoles del espacio público.

1 Comment

  1. Peritta
    Lun 04 mayo 2026 @ 14:49

    ¿Pero no decían que a éstos los traían para que votaran al PSOE (Partido Sospechoso del Once Eme)?.
    Pues parece que a quien van a votar va a ser a los islamistas?. Jua, jua, jua por no llorar. Menudos tuercebotas.
    Yo para mí que a éstos los traen bajo pedido y por encargo. Lo que pasa es que para traer a uno lo mismo meten a cincuenta.

    No, la pregunta no va a ser ya si hay moros en la costa o no, La pregunta va a ser si hay moros en el parlamento o en el ayuntamiento, o en la diputación o en el gobierno.

    No hay que mirar para atrás buscando culpabilidades que no van a solucionar nada. Hay que mirar hacia adelante a ver cómo esquivamos o evitamos la siguiente canallada, que va a ser meter en la administración a esta gente.

    Y empezarán a colarlos como voluntarios, becarios, meritorios, interinos y empleados públicos.
    4º turno, ya saben.

    No nos están dejando más opción que inmolarnos (todo un visionario el Miguel Urban pues un mártir vale más que 100 héroes) u organizarnos.

    Al margen de la administración digo.

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    FREE ZOUHAM o abandonad toda esperanza.

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