Saltar el contenido

Puigdemont convierte los cánticos del España-Egipto en un ataque político al PSC

El expresidente de la Generalitat de Cataluña y líder de Junts per Catalunya, Carles Puigdemont, sigue fiel a su estrategia de utilizar cualquier acontecimiento público para avanzar el relato independentista.

Los cánticos islamófobos producidos durante el amistoso de fútbol entre las selecciones de España y Egipto en el RCDE Stadium de Cornellà de Llobregat —que los Mossos están investigando— le han servido esta semana como excusa para lanzar un ataque directo contra el PSC y el president de la Generalitat, Salvador Illa.

En un mensaje difundido en la red social X, recogido por Europa Press, Puigdemont escribió: «La agenda españolizadora del PSC comporta esto». Una afirmación que relaciona directamente los cánticos —protagonizados por un grupo de aficionados ultras— con la política lingüística y cultural que el Govern de Illa está aplicando en Cataluña.

«Para cancelar el catalanismo avivan el nacionalismo español»

El expresidente fugado no se limitó a ese primer tuit. Amplió su argumento con una segunda afirmación de mayor carga ideológica: «Para cancelar el catalanismo avivan el nacionalismo español. Saben que históricamente el españolismo ha sido un nacionalismo de negación del otro, imperialista».

La lógica del argumento de Puigdemont es la siguiente: el PSC, al gobernar Cataluña con una agenda que él califica de «españolizadora», estaría generando las condiciones culturales y políticas que hacen posible el florecimiento de un nacionalismo español agresivo, del que los aficionados que entonaron el cántico «musulmán el que no bote» serían la expresión más visible.

El concepto de «sustitución cultural»: Puigdemont abraza la terminología ultra

Lo más llamativo de la intervención de Puigdemont es el uso del concepto de «sustitución cultural», que en su mensaje aparece aplicado al nacionalismo español: «El españolismo ha practicado la sustitución cultural mucho antes de que el concepto fuera adoptado por la extrema derecha mundial».

La «sustitución cultural» es un concepto proveniente de los círculos intelectuales de la derecha alternativa europea, popularizado por pensadores como Renaud Camus y adoptado posteriormente por movimientos identitarios de extrema derecha en todo el mundo occidental. Que Puigdemont lo utilice ahora para describir la relación histórica entre España y Cataluña revela hasta qué punto el independentismo catalán ha asumido el marco conceptual de las corrientes más radicales del pensamiento identitario, aunque lo aplique en dirección contraria.

El PSC responde: los cánticos no tienen nada que ver con la política lingüística

La reacción del PSC ante la intervención de Puigdemont fue de rechazo frontal. Los socialistas catalanes señalaron que intentar vincular los cánticos xenófobos de un grupo de ultras con la política cultural del Govern es una maniobra oportunista e intelectualmente deshonesta. La agenda lingüística del PSC —que ha suscitado un intenso debate en Cataluña por su relación con el decreto del catalán, tumbado parcialmente por el TSJC— no tiene ninguna relación causal con el comportamiento de sectores radicalizados de la afición futbolística española.

Desde el PSC también se recordó que Puigdemont permanece fugado de la justicia española en Bélgica, condenado por malversación en el marco del proceso del 1-O, y que sus intervenciones públicas desde el exilio tienen un único objetivo: mantener su relevancia política en un escenario catalán en el que Junts ve cómo su espacio electoral se reduce ante el avance del PSC.

La estrategia de Puigdemont: convertir todo en catalanismo contra españolismo

El patrón de comportamiento de Puigdemont es perfectamente reconocible. Todo acontecimiento —una sentencia judicial, un incidente deportivo, una declaración política— es procesado a través del mismo filtro: la tensión entre catalanismo y españolismo. Esta binarización sistemática de la realidad política es la única forma que tiene Junts de mantener su base electoral, que exige un líder que interprete cada evento como una nueva agresión de España contra Cataluña.

El problema con esta estrategia es que requiere una constante escalada retórica. Cuando ya no queda ningún fenómeno social que no haya sido interpretado como prueba del «imperialismo español», el discurso tiende inevitablemente hacia posiciones más extremas. El uso por parte de Puigdemont del concepto de «sustitución cultural» es un síntoma de ese agotamiento retórico.

El independentismo, aliado de Sánchez pero crítico con su política en Cataluña

Existe una contradicción estructural en la posición de Junts que Puigdemont evita reconocer. Su partido sostiene en el Congreso de los Diputados al Gobierno de Pedro Sánchez —sin cuya mayoría el Ejecutivo socialista no podría gobernar— pero al mismo tiempo critica con dureza la política que ese Gobierno aplica en Cataluña a través del PSC de Illa.

Esta doble posición es políticamente rentable a corto plazo: permite a Puigdemont blandir la bandera del independentismo desde la oposición a Illa mientras mantiene un papel de árbitro en la política nacional. Pero resulta intelectualmente incoherente: si el PSC aplica una «agenda españolizadora» tan dañina para Cataluña, ¿por qué Junts sigue sosteniendo al Gobierno central que controla al PSC?

Como ha analizado La Bandera en anteriores informaciones sobre la estrategia política de Puigdemont desde el exilio, el expresidente catalán ha convertido su propia situación judicial en el principal activo político de Junts. Mientras no pueda regresar a España sin enfrentarse a la justicia, el conflicto con el Estado español es para él una necesidad política existencial, no solo una cuestión de principios.

El incidente, un espejo de la crispación identitaria que alimenta tanto el independentismo como el ultranacionalismo

Los cánticos del RCDE Stadium y la reacción de Puigdemont son, en el fondo, dos caras de la misma moneda: la persistencia de identitarismos excluyentes que no tienen cabida en una democracia plural y madura. El aficionado que corea «musulmán el que no bote» y el político que convierte cualquier incidente en una demostración del «imperialismo español» comparten una misma lógica de tribalismo identitario, aunque la apliquen en direcciones opuestas.

Lo que España necesita —y lo que el Gobierno de Sánchez ha sido incapaz de proporcionar— es un marco de convivencia civic que haga incompatibles ambos extremos. La polarización identitaria que Sánchez ha alentado para mantener sus alianzas parlamentarias es el caldo de cultivo en el que prosperan tanto los cánticos de las gradas como el independentismo de Puigdemont. Ese es el debate que nadie en el Gobierno quiere tener.

1 Comment

  1. Dr_Sloan®
    Vie 03 abril 2026 @ 01:15

    Este tío es imbécil. Le da la vuelta a las cosas como si fueran un calcetín sudado y todo el mundo hace caso de sus anormalidades.

Deja tu respuesta