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Rescata y cuida a un erizo… pero al llevarlo al veterinario descubren que es el pompón de un gorro

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Una mujer inglesa confunde esta prenda con un erizo bebé: le pone comida, lo cuida…, pero el pompón ni se movió en toda la noche…

Viajamos al norte de Inglaterra. Allí, una mujer de unos 65 años ha protagonizado la historia tonta de esta semana… ¡Y no es broma (ni ficción) lo que les vamos a contar aquí y ahora en LA BANDERA!

Este espectacular y acontecimiento único ha sucedido en el condado de Cheshire, al noroeste de Inglaterra. Lo ha protagonizado una mujer guiada por su pasión irracional por los animales.

La historia la ha dado a conocer el diario The Independent. La señora encontró, eso creyó ella, un erizo bebé a un lado de una carretera y decidió rescatarlo. Estos animales no se dejan ver durante el día por lo que pensó que le ocorría algo.

La mujer metió al supuesto erizo en una caja, lo llevó a su casa y le puso comida para gatos. Colocó la caja en un lugar cálido y oscuro para que el erizo se sintiera como en su hábitat natural. Pasó la noche en su casa y la mujer, dice el diario inglés, lo miraba desde lejos para no estresarlo.

Al centro de rescate de animales

La preocupación se hizo evidente al paso de las horas. El erizo no se movía, ni había comido ni había hecho sus necesidades. La señora decidió llevarlo a la mañana siguiente a un centro de rescate de animales, la Reserva Natural y Hospital de Vida Silvestre de Lower Moss Wood, en Cheshire.

Allí acudió la mujer con su erizo bebé, inmóvil, inerte, aparentemente con poca vida. La veterinaria que se encontraba en ese momento en el centro, Janet Kotze, se dio cuenta al abrir la caja que no había animal alguno y se lo comunicó a la mujer. “¡No es un erizo, es el pompón de un gorro!”. “Era bastante obvio”, dijo al diario inglés la veterinaria.

“¡Estás bromeando!”

La veterana mujer, amante de los animales, pensaba que le estaban tomando el pelo en la reserva natural. “¡Estás bromeando! Dios mío, ¿cómo he podido hacer esto?”.

La veterinaria Kotze, de 57 años, asegura que en los cinco años que lleva en el centro de rescate “nunca había visto algo así. Ella simplemente cogió la caja y se fue. Tenía un corazón de oro y siguió todos los consejos al pie de la letra”.

El personal del centro quiso dedicar un post en Facebook a esta anécdota“Nuestros corazones se derritieron cuando un alma bondadosa pensó que estaba rescatando a un bebé erizo para acabar descubriendo que era el pompón esponjoso de un gorro, que recibió todo el amor y cariño. La bondad no conoce límites, incluso cuando se trata de un amigo falso y peludo”.

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