La polemista se victimiza en X mientras insinúa datos íntimos sobre Vito; él responde con ironía y ella recibe una oleada de reproches por su actitud
En plena escalada de tensión entre la analista política Sarah Santaolalla, su novio Javier Ruiz, ya conocido en redes como ‘mentiroso compulsivo’ y el periodista Vito Quiles, la polémica ha dado un giro que ha dejado en evidencia una actitud más que denunciable, tachada de deleznable.
Este sábado, Santaolalla publicó un tuit en respuesta a un usuario que le sugería filtrar información privada sobre Quiles, a quien acusa de acosarla. En él afirmaba: “Yo no voy a filtrar la información que conozco sobre su vida privada, su familia, sus líos… Pero no seré la mierda de persona que es él, jamás”.
Antes había afirmado: “Sé dónde vive Vito Quiles y jamás lo filtraría ni iría a su casa. Sé los hombres con los que se enrolla Vito Quiles y jamás les acosaría. Tengo el teléfono de Vito y jamás lo filtraría. No, no somos iguales. Yo no soy una mierda de persona que acosa a gente que no le gusta”.
Descomunal ataque de ira
El descomunal ataque de ira de Sarah Santaolalla continuó con nuevos post en X: “A sus seguidores homófobos les molesta más que tenga novio que acose a mujeres en su casa o filtre información privada. Vaya panda”
Lo que parecía un gesto de supuesta superioridad moral se interpretó de inmediato como una insinuación velada sobre la orientación sexual de Vito Quiles. Decenas de usuarios le recordaron que utilizar la posible homosexualidad de alguien como reproche o amenaza es, precisamente, homofobia pura y dura. “No diré que Vito Quiles es homosexual, sólo diré que es un poco gay”, ironizó un usuario citando el espíritu del tuit.
Sucia, golfa, indigna que se acuesta con un viejo verde
Otros fueron más directos: “Has usado una condición sexual anónima para atacar a una persona, eso es homofobia”. “Tonta no, pero homófoba usando una condición sexual para intentar humillarlo” o “Sucia e indigna”.
Quizás la respuesta más certera fue esta: “No, no sois iguales, él hace periodismo crítico mientras tú eres una golfa que tuvo que acostarse con un viejo verde para que le abriera la puerta de los platós de televisión.
«Yo no soy gay, me gustan las tías»
Y la reacción del protagonista no se hizo esperar. El propio Vito Quiles grabó un vídeo de respuesta en el que, con sorna y contundencia, desmontó la estrategia de Santaolalla: “Lo trastornada que tienes que estar para pensar que ser gay es algo malo, negativo y utilizarlo como reproche contra alguien… Yo no soy gay, ¿vale? Si fuera así no pasaría nada. Me gustan las tías”. Quiles subrayó que en pleno siglo XXI nadie decente usa la orientación sexual para dañar a otro y lamentó que Santaolalla, a quien describió como “indigente intelectualmente”, haya llegado a ese extremo.
Lejos de retractarse, la publicación de Santaolalla acumuló cientos de críticas que la señalan por exactamente lo mismo que ella denuncia en otros: el uso de la vida privada como munición política.
Mientras ella se presenta como víctima que acude a los juzgados, sus detractores le recuerdan que insinuar “líos” y negarse a filtrarlos equivale a amenazar, una práctica que ella misma calificaría de intolerable si viniera del bando contrario.
Esta polémica pone de manifiesto una doble vara de medir preocupante. Acusar a alguien de ser gay, o insinuarlo, para desprestigiarlo no es periodismo, ni activismo, ni defensa propia: es homofobia del siglo XXI disfrazada de superioridad moral. Sarah Santaolalla ha recibido la respuesta que merecía: ni ella ni nadie tiene derecho a convertir la orientación sexual en un insulto.












