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‘Sirat’, el bodrio woke que confirma el naufragio del cine español subvencionado

La película de Óliver Laxe fracasa en los Oscar y apoyada con fondos públicos: el público la rechaza por su apología de la decadencia y el mal olor

La película española Sirat, dirigida por Óliver Laxe y estrenada en 2025, ha pasado sin pena ni gloria por las salas de cine, confirmando una vez más el rechazo masivo del público hacia el cine patrio actual. Tras su paso por festivales internacionales —donde cosechó algunos premios gracias a su aura «autoral»— y nominaciones al Oscar en categorías como Mejor Película Internacional y Mejor Sonido (finalmente sin premio, tal y como el propio director admitió que no tenía posibilidades), la cinta ha demostrado en números reales lo que muchos sospechaban: un fracaso comercial absoluto en España.

Con una recaudación ridícula que apenas ronda los 3 millones de euros en todo su recorrido nacional —y eso colocándola como una de las pocas «exitosas» del año dentro del paupérrimo cine español—, Sirat no ha conseguido atraer ni a una décima parte de lo que películas comerciales como las de la saga Torrente y Santiago Segurra sí logran año tras año. El resto del cine español, salvo excepciones puntuales, sigue hundido en cifras miserables: nadie va al cine a ver estas propuestas.

Drogadictos y malolientes

Y no es para menos. Sirat es un bodrio woke insoportable que retrata a protagonistas inmundos, decadentes, drogadictos y malolientes.

Su guion parece escrito por un cocainómano en pleno bajón: sinsentido tras sinsentido, sin trama coherente ni personajes con los que empatizar. La película se regodea en vanagloriar el movimiento de las raves protagonizado por gentuza apestada, sucia, porreros empedernidos y tipos que claramente no se han duchado en semanas. Transmite literalmente un olor a mierda, petardos desfasados y marihuana caducada, con gentes que dan asco físico y moral, al igual que toda esta historia pretenciosa.

Cine radical de izquierdas

Lejos de criticar o mostrar con crudeza esa subcultura, Laxe la idealiza como una especie de resistencia antisistema, un trance espiritual en el desierto que justifica la suciedad, las drogas y la autodestrucción. Es el típico cine extremista de izquierdas que vive de subvenciones millonarias —en este caso, con un presupuesto elevado y producción de nombres como los Almodóvar— pero que genera ingresos irrisorios porque el espectador medio huye despavorido.

Mientras el cine comercial o popular triunfa, el «cine español de autor» —ese que se cree superior— se queda en sus nichos subvencionados, aplaudido por minorías en festivales pero ignorado por el público real.

Sirat no es más que otro ejemplo de por qué el cine español actual está en crisis: porque apuesta por glorificar lo repugnante en nombre de la «profundidad» y la «crítica social», y termina oliendo tan mal como sus propios personajes. Un fiasco que huele a fracaso desde lejos.

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