Lo que parecía una simple vuelta nostálgica se ha convertido en un fenómeno gigantesco. Torrente presidente, la sexta entrega de la saga creada por Santiago Segura, ya ha superado los 30 millones de euros en taquilla y está pulverizando registros históricos del cine español.
Pero hay un dato que está dejando completamente en shock a la industria. La película ya ha recaudado más de la mitad de todo lo generado por el cine español durante 2026. Una barbaridad que confirma hasta qué punto el personaje sigue conectando con el público casi tres décadas después de su nacimiento.
Santiago Segura vuelve a demostrar quién manda en la taquilla
Muy pocos esperaban cifras de este nivel. Ni siquiera dentro del propio sector.
Desde su estreno el pasado 13 de marzo, Torrente presidente no ha dejado de sumar espectadores semana tras semana hasta rozar ya los 3,8 millones de entradas vendidas. Y lo más sorprendente es que sigue resistiendo dentro del Top 20 de películas más vistas pese al paso de los meses.
Con estos números, la cinta ya es oficialmente la entrega más taquillera de toda la franquicia.
Supera incluso a Torrente 2 Misión Marbella, que durante 25 años había mantenido el récord con 22,1 millones de euros recaudados. Ahora ese techo ha saltado por los aires.
El fenómeno que nadie consigue frenar
La dimensión del éxito empieza a provocar incluso incomodidad dentro de parte de la industria cinematográfica española.
Porque mientras muchas producciones nacionales apenas logran mantenerse unas semanas en cartelera, Santiago Segura vuelve a demostrar una capacidad casi única para movilizar al gran público.
Y los datos son demoledores.
Solo en su primer fin de semana, la película firmó 7,2 millones de euros. Una cifra que la coloca entre las mejores aperturas de la historia del cine español.
Además, el estreno diario superó los 2,3 millones de euros, convirtiéndose en la mejor apertura nacional de los últimos 15 años según datos de Comscore.
Torrente ya juega en otra liga histórica
El éxito ya no se mide únicamente dentro de la propia saga.
Con la recaudación actual, Torrente presidente entra directamente entre las películas españolas más taquilleras de todos los tiempos. Solo quedan por delante gigantes como Ocho apellidos vascos, Lo imposible y Ocho apellidos catalanes.
También ha conseguido meterse ya entre las veinte películas españolas con más espectadores de la historia.
Y eso vuelve a colocar a Santiago Segura en un lugar muy difícil de discutir dentro del cine comercial español.
El detalle que más sorprende a la industria
Lo más llamativo es que la película no depende de premios, festivales ni críticas especializadas.
Depende exclusivamente del público.
Mientras otras producciones necesitan enormes campañas institucionales o reconocimiento crítico, Torrente presidente funciona por pura conexión popular. La gente sigue pagando entrada para ver al personaje y continúa recomendándolo en redes sociales y grupos de WhatsApp.
Eso explica que la película siga llenando salas después de casi tres meses en cartelera.
Santiago Segura ya piensa en otra secuela
El propio Segura ya ha dejado caer que la saga podría continuar.
Y viendo las cifras, pocos dudan de que acabará ocurriendo.
De hecho, ya se habla incluso de posibles guiños políticos en un futuro título relacionado con Mariano Rajoy, algo que ha disparado todavía más la conversación alrededor de la franquicia.
Porque Torrente ha conseguido algo muy difícil en el cine español actual: convertirse en un fenómeno generacional capaz de sobrevivir al paso del tiempo, las críticas y los cambios sociales.
El cine español mira el fenómeno con mezcla de admiración y miedo
Dentro del sector hay opiniones para todos los gustos.
Muchos celebran que una película española vuelva a llenar salas de forma masiva. Otros ven con preocupación que buena parte de la taquilla nacional dependa otra vez de un único fenómeno comercial.
Pero la realidad es incontestable.
Mientras buena parte del cine español lucha por superar cifras discretas, Torrente presidente está funcionando como una auténtica apisonadora.
Y todavía queda recorrido.













