Apagones masivos y hambruna: familias con abuelos y niños desnutridos llegan a Uruguay huyendo de una nación “destruida y abandonada”
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado desde la Casa Blanca que tendrá “el honor de tomar Cuba”. La afirmación, hecha ante periodistas, llega justo después del segundo apagón nacional en menos de un mes, provocado directamente por el bloqueo al suministro de petróleo venezolano impuesto por su Gobierno.
“Vamos a poner orden donde hace décadas solo hay ruina”, añadió Trump, en un mensaje que muchos interpretan como una amenaza velada de intervención directa contra el régimen castrista.
Mientras el mandatario estadounidense habla de “tomar” la isla, Cuba vive su peor crisis humanitaria en décadas. Un país “totalmente destruido y abandonado”, según los propios cubanos que logran escapar.
Los apagones duran entre 36 y 48 horas seguidas. No hay combustible para transportar alimentos, las cocinas eléctricas instaladas desde los años 90 no funcionan y los productos se pudren en neveras apagadas. En los asilos, los ancianos sobreviven con un plátano hervido y un pedazo de pan al día. Las farmacias están vacías, el agua no sale de las cañerías durante semanas y la canasta básica del Estado, cuando llega, apenas contiene algo comestible.
La producción agrícola colapsó hace años: los hijos de campesinos se fueron a las ciudades a estudiar y los pocos que quedan venden al Estado a precios irrisorios.
Un mes de salario ya no alcanza ni para un litro de aceite y un paquete de fideos. La devaluación del peso cubano ha pulverizado el poder adquisitivo. Y el corte del petróleo venezolano ordenado por Trump ha multiplicado los tiempos de distribución de remesas, que antes llegaban en días y ahora tardan un mes.
Éxodo sin precedentes
El resultado es un éxodo sin precedentes. En 2025 llegaron a Uruguay más de 22.000 cubanos; 14.900 se quedaron definitivamente. Ya no emigran solo hombres jóvenes en busca de trabajo: ahora huyen familias enteras. Abuelos de 79 y 82 años, niños pequeños con signos evidentes de desnutrición y padres exhaustos aterrizan en Montevideo con lo puesto.
“Los ves y se nota que no han comido”, denuncia Yanitze Gutiérrez, de la asociación UruVene, que en 2025 atendió a más de 2.500 personas cuando esperaba solo mil. Las ONG’s reparten colchones para que no duerman en el suelo, cocinas, medicamentos y vitaminas. Los cubanos ya establecidos en Uruguay reciben a cuatro, cinco o seis familiares cada uno y pagan cuentas de luz, agua y teléfono mientras envían paquetes con arroz, aceite y antibióticos.
Cuba totalmente destruida
Testimonios desgarradores se repiten. Jinet Jiménez, periodista uruguaya llegada hace tres años, describe: “Me encontré con una Cuba totalmente destruida, totalmente abandonada. Nada de lo que cuente puede dar la magnitud de lo que sufre un cubano dentro de la isla”.
Frank León, que hace seis años envía remesas, resume la tragedia con crudeza: “La libertad es poder comer lo que quieras, cuando quieras”. Suset, recién llegada con marido e hijos, lee mensajes desesperados de su madre: “¡Se fue la luz otra vez!”.
La diáspora cubana ya no sueña solo con Estados Unidos; Uruguay se convirtió en el destino principal por su ley migratoria generosa. Pero el país receptor empieza a sentir la carga. Miles quedan en limbo migratorio, con expedientes de refugio acumulados durante años y riesgo de perder la regularidad en tres años.
Mientras Trump celebra la posibilidad de “tomar Cuba”, la isla se vacía. Abuelos desnutridos, niños raquíticos y padres que ya no pueden más huyen de una nación que, tras 67 años de revolución, solo ofrece oscuridad, hambre y desesperanza.












